La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

Sobre mi

Hola

SoySBMontero...

... un tipo complicado; informático, lector, escritor, articulista, blogger, iconoclasta, ateo, de izquierdas, border profesional, poldavo militante, juntaletras forever. Cuando soy bueno, soy buenísimo, cuando soy malo... cuando soy malo SOY SENSACIONAL.
Mis áreas de interés incluyen la ficción especulativa, la ficción social, la ciencia ficción, la novela negra, la literatura de serie B, los medios digitales, el cine, la música y la cocina, aunque no necesariamente en ese orden, eh.
Larga vida y prosperidad Ôo)-♫

Un consejo...

Viaja y come

1991-...

Viajar cura los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente, comer cuando viajas hace del mundo tu casa.

¿Quieres escribir?

1975-...

Que sepas que escribir no es una aventura, es un oficio solitario en el que te lo dejas todo y todos te dicen que lo dejes.

Internet

2000-...

Úsalo, es el mayor cambio de paradigma de la humanidad desde la domesticación del fuego y aprendes a usarlo, o te quemas.

Piensa por ti mismo, duda de todo

1969-...

En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario y cuando el resto obedezca ciegamente la verdad, recuerda, nada lo es.

Escritos

El delito de blasfemia

  Hay dos frases que todo el mundo debería tener siempre en mente cuando habla de Democracia: "Libertad de expresión es poder decir lo que la gente no quiere oír" -George Orwell-, y "Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve para nada" -José Luis Sampedro.

  Hoy existe un verdadero empeño, por parte de políticos y medios de comunicación, para hacer creer al conjunto de la ciudadanía que Democracia sólo es votar cada cierto tiempo, aceptar lo que la mayoría vota y aguantar las consecuencias de ello con "democrática" resignación. No es cierto. Es más, los griegos tenían un epíteto bastante clarificador para quienes se limitaban a eso, ιδιωτης.

  Democracia es mucho más que votar cada cuatro años, Democracia es poder pensar, leer, escribir, pintar, dibujar y opinar lo que queramos... votar también, pero para hacerlo con un mínimo de garantías es necesario poder expresar y difundir nuestros pensamientos, ideas y opiniones, no sólo mediante la palabra, o el escrito, mediante cualquier medio que creamos conveniente.

  Si hacerlo es imposible, o si hacerlo significa que nos multen, censuren, o peor aún, persigan y encarcelen, mejor desengañarse, no vivimos en una Democracia, es otra cosa.

  Desde el siglo IV a.C. uno de los colectivos más censurados, perseguidos, encarcelados y ejecutados de la historia, al contrario de lo que cualquiera pueda pensar, es el ateo... pongamos que comienzo por Sócrates que, aunque no era ateo, sí que murió condenado por serlo, y sigo sumando. La acusación normal no ha cambiado desde el siglo IV a.C., siempre es la misma: Blasfemia.

  Uno podría pensar que, fuera de los países musulmanes, el delito de blasfemia no existe, pero estaríamos equivocados.

  De hecho en Europa hay cuatro países que siguen persiguiendo por ley la blasfemia: Malta -sólo en el año 2012 impuso noventa y nueve sentencias por blasfemia, desde multas a prisión-, España -hace poco más de dos meses la asociación de fiscales cristianos elevaron una petición a los tribunales españoles para que se juzgara al ganador de la gala Drag Queen del Carnaval de Las Palmas... dicen que por atacar los sentimientos religiosos, en realidad es por blasfemia-, Dinamarca -aunque desde 1939 no se ha condenado a nadie por blasfemia; en 1939 se usó contra un grupo nazi por propaganda antisemita; en febrero de este año comenzó un juicio por blasfemia contra un ciudadano danés por quemar el Corán, grabarlo y subir el vídeo a Internet-, e Irlanda, aunque Irlanda entró en este selecto grupo en 2009 con la aprobación de leyes antiblasfemia y hay un amplio movimiento ciudadano para que se haga un referéndum y derogarlas.

  Ahora mismo la diana de los gobiernos con legislaciones sobre blasfemia es internet y sus usuarios. La presión en redes sociales es evidente. Tenemos el ejemplo de Facebook, donde creyentes de cualquier religión censuran mediante el veto artículos, fotografías, caricaturas, o meros comentarios si creen que son "blasfemos".

  Colectivos religiosos de todo pelaje, en especial la Organización de Cooperación Islámica, que agrupa a cincuenta y seis países islámicos, presiona a la ONU desde los años cincuenta para que se eleve algún tipo de resolución contra los llamados "insultos a la religión", un nombre rimbombante para la blasfemia. La excusa es que si la ONU aprobara dicha resolución se protegería a los grupos religiosos minoritarios de discriminación. Tiene cierta gracia cuando precisamente en esos países pertenecer a un grupo minoritario es precisamente ser ateo, expresarlo lleva a la cárcel, o cosas peores. Por desgracia parece que, en breve, a petición de Arabia Saudí, un país bien conocido por respetar a las minorías, como los homosexuales, e incluso a las mayorías, como las mujeres, será presentado en sesión ordinaria.

  Ya hubo una resolución el 25 de marzo de 2010 votada en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas contra la "difamación de las religiones", sobre un texto presentado por la Organización de la Conferencia Islámica (OIC), bajo la batuta de Pakistán, un país igual de respetuoso que Arabia Saudí hacia las minorías y los derechos de la mujer, el mismo país que condenó a muerte a Mohammad Asghar por blasfemia en 2014. Reporteros sin Fronteras tachó la resolución de permiso al fanatismo religioso para perseguir y erradicar cualquier tipo de crítica contra la religión.

  Si los grupos religiosos consiguen que la ONU apruebe esa resolución significará, de facto, que ser ateo, escribirlo y decirlo en voz alta constituirá un delito en todo el mundo, más aún, censurar y castigar cualquier crítica a la religión dejará de ser un delito contra la libertad de expresión, el libre pensamiento y el derecho a la información. Los ateos volveríamos a convertirnos en los proscritos que fuimos durante catorce siglos. Esa resolución tendría impacto en la legislación a nivel nacional e internacional y, por supuesto, sobre los usuarios de internet.

  Tal vez, como librepensadores, como ateos, deberíamos preguntarnos qué podemos hacer contra esta ofensiva religiosa que quiere fagocitar la razón, la crítica, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión.

  Larga vida, y prosperidad Ôo)-♫

El Mentiroso

  Ni siquiera le suena la cara de aquel tipo. Ha parado el vídeo unas cuantas veces pensando que sí, que lo recuerda, de algo, pero no, no es verdad, sólo le da vergüenza no recordarlo.
  Lo pone de nuevo en marcha.
  —... y se pasaba el día contando burradas —dice la imagen del vídeo —, sobre todo cerca de los sapos. Al principio creíamos que no nos entendían, pero tenían esos... como botones detrás de la cabeza...
  —El intérprete —dice alguien al otro lado de la cámara.
  —... sí, Dvořák fue el primero en darse cuenta. Ellos no sabían si era verdad lo que contaba, así que los veíamos mirarse entre sí. Una vez soltó que, antes de llegar al campo de concentración, estuvo trabajando en un laboratorio del ejército —dice atragantándose con la risa —, el rayo de la muerte lo llamó, que sacaba los ojos de la cara a los sapos, ¡Qué cabrón! —se ríe un rato, pero poco a poco se calma y mira hacia la ventana aún con los ojos llorosos —. Le costó una semana de interrogatorio. Había que verlo cada vez que lo sacaban de allí, era digno de verse...
  «El rayo de la muerte, esa sí que fue buena», piensa sonriéndole a la pantalla, luego los ojos derivan hacia las tremendas marcas de sus manos y recuerda la semana de interrogatorios mientras la sonrisa se le queda hueca, flotando en la cara, como algo fuera de lugar.
  —... llegué al campo desde el continente y solo entrar en los barracones te dabas cuenta de que allí era distinto. El continente olía a resignación, rendición, pero allí no, allí estaban en guerra, y era contagioso, la gente sonreía —dice el veterano desde la pantalla con la mirada anhelante —, se cruzaban contigo en los pasillos y, delante de los sapos, ¡Te saludaban y sonreían! Los sapos se removían nerviosos, tensos, no eran arrogantes como en el continente. La gente sonreía, nos mataban como en todas partes, diría que más, era el precio a pagar, pero la gente moría con una sonrisa en la cara.
  —Había una consigna —dicen de nuevo al otro lado de la cámara.
  —Ad astra per aspera: A las estrellas por el camino difícil —responde.
  —¿Por qué latín?
  —Los sapos no lo entendían. También fue cosa suya. Encontró un diccionario de latín y sapo de mierda se convirtió en bufo foeda, el muy cabrón se lo soltaba en la cara a los sapos y no decían nada. Algo con que los cacharros esos no estaban programados para lenguas muertas —vuelve a sonreír —. Él se daba cuenta de cosas que los demás pasábamos por alto, como lo del antifaz...
  —¿El antifaz?
  —... Sí. De buenas a primeras comenzó a pasearse por ahí con antifaz y boina, no sé de donde los sacaría, pero los sapos ni lo miraban, ni siquiera sabían que era él.
  —¿Cómo que...?
  —Se dio cuenta de que los sapos no nos distinguían. Yo creo que ese fue el empujón que le hacía falta. Se las ingenió para salir del campo, trasmitir la información que tenía al continente y volver —de repente los ojos se le llenan de lágrimas —, porque volvió, ¿Sabe?, volvió. Nunca nadie volvió por nosotros, pero él sí...
  Para la imagen y observa aquella cara feroz llena de cicatrices de la pantalla. «Maldita sea, ¿Por qué no me acuerdo de él?», piensa con el ceño fruncido.
  —Señor, es la hora, Señor —dice un soldado de asalto desde la puerta del despacho.
  —¡Maldita sea, hijo! —dice volviéndose sobresaltado —. Hazme un favor.
  —Lo que quiera, Señor.
  —Haz ruido cuando entres.
  —Ehm... puedo... puedo carraspear, Señor.
  —Carraspear... tendrá que servir —el soldado observa la pantalla sorprendido.
  —Fue un programa impresionante, lo disfruté mucho. ¿Lo vio, Señor?
  —Estoy en ello, pero exageran, yo... verás, hijo, yo... sólo soy un...
  —Vencimos a los extraterrestres gracias a usted, Señor —la cara de niño del soldado contrasta con su metro noventa de envergadura y el ancho de sus hombros.
  —Sólo hice lo que sabía hacer —responde molesto saliendo del despacho.
  —La señora Bernot le esperará dentro, Señor —dice camino del ascensor entregándole la entrada del cine.
  —Hijo, ¿Sabes qué vamos a ver? —el gesto no es muy prometedor —Mierda —suelta entre dientes.
  —Presidente Dvořák, ¿Podría hacerle una pregunta? —le dice mientras esperan el ascensor.
  —Claro, hijo.
  —¿Cuándo quiso dedicarse a la política, Señor?
  —Bueno, era eso, o la cárcel —el soldado lo mira con cara de asombro —. Yo me entiendo, hijo —responde sonriente mientras se cierran las puertas del ascensor.


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Larga vida y prosperidad Ôo)-♫

La pseudo izquierda tarada

  El maestro Isaac Asimov decía que la violencia es el último refugio del incompetente, y es totalmente cierto, es más, cuando un imbécil es violento serlo sólo lo califica como tal, y eso es indiscutible. ¿Significa eso que la violencia no puede ser contestada? Pues no. El maestro Malcolm X dijo que si alguien te pone las manos encima, asegúrate que no las pone encima de nadie más, y de nuevo es totalmente cierto, porque cada vez que no te defiendes el matón de turno cree que ha ganado una batalla, cada vez que miras a otro lado ante una injusticia, el injusto se hace más fuerte y el débil más débil, cada vez que retrocedes, el infierno da un paso adelante. En resumen, sólo los imbéciles agreden y si no te defiendes de ellos igual llegan a creer que estan en su derecho de hacerlo.

  Verán, hace unas horas me encontré con esto...


  ... este adalid de la lucha por la libertad se refiere a esto...

  ... en el vídeo podemos ver a unos diez valientes que patean en el suelo a una chica, esa chica es la neonazi a la que hace referencia la noticia.

  La cuestión aquí no es si ella es una neonazi de mierda, que lo es y nadie lo discute, es probable que ella tampoco, la cuestión es si diez tipejos pateándola en el suelo son ejemplo de algo, que es lo que, al parecer, el pobre diablo del Surdo vende, o peor aún, si que sea neonazi justifica que diez decidan patearle el hígado.

  La cuestión es que este comportamiento, el de patear en grupo a una persona -dejemos a un lado que sea a una chica menuda tirada en el suelo-, es propio de tiempos pretéritos y gentes de dudosa claridad ideológica, para ser exacto de los camisas pardas en el Berlín de los años 30, de los talibanes en Kabul, de homófobos en Ceuta a la puerta de un bar... es decir, estos valientes luchadores por la libertad han colocado a una nazi de mierda a la altura de las víctimas de la homofobia, de las mujeres represaliadas por el extremismo islámico, o de los judíos apaleados en las calles de Berlín en los años 30 por desgraciados cabrones de la misma ideología que ella. Esos diez pobres imbéciles han convertido a una asquerosa que no merece ni que la miren en una víctima y, por ende, en heroína de su causa.

  ESA, y no otra, ES la realidad, no hay más. Intentar justificar un acto violento que no es defensivo, porque nadie se va a creer que diez tarados dando patadas en el suelo a una chica es defenderse de algo -bueno, a no ser que seas talibán-, es estúpido. El acto en si es deleznable, pero, yendo más allá, es que la utilidad de la acción es nula, excepto para la neonazi convertida en víctima y heroína.

  Llegados a este punto quisiera dejarle algo claro a gente como el Surdo. Verás, compadre, el concepto es viejo, antiguo, penosamente cascado; la violencia, en el caso particular de esos diez tarados y en el caso de gente como tú, Surdo, capaz de defenderlo, no es más que la expresión del miedo, de tu miedo, y esa expresión sólo busca una cosa, respuesta, porque esa respuesta te justifica.

  No engañáis a nadie, excepto a cuatro taraos sin dos dedos de frente.

  Madurad, imbéciles.

Larga vida y prosperidad Ôo)-♫

Un grito y cinco segundos

  —Se giró al escuchar el grito... —dice como si fuera obvio y banal mirando la alfombra cerca de la escalera.
  —¿Disculpe? —el médico lo mira —, ¿ha dicho algo?
  —... que se giró al escuchar el grito —repite elevando el tono con tranquilidad, como si hablara con un niño pequeño.
  —¿Qué grito?
  —Es evidente. Iba camino de la escalera, alguien grita, se vuelve y lo empujan —dice con la misma tranquilidad mirando por encima de la barandilla el cuerpo al final de la escalera —. Cinco segundos.
  —¿Qué?
  —Cinco segundos, es lo que tardó en dejar de vivir.
  —Morir, lo que tardó en morir —corrige el médico.
  —Es otra forma de verlo, sí —remeda en voz baja mientras da un lento paseo alrededor de algo invisible —. ¿Ve esas marcas cerca del borde del primer escalón? Diría que corresponden a los talones de esos zapatos tan caros que lleva el difunto de abajo. Se gira al escuchar el grito, postura adelantada como corresponde a un sobresalto, de ahí las marcas de los talones, y alguien aprovecha ese pequeño giro para empujarlo escaleras abajo.
  —Podría ser —dice el médico mirando las marcas en el suelo —, aunque pueden ser viejas, o incluso de una escalera plegable para limpiar las lámparas.
  —¿En serio? —responde divertido —¿Cree que esas marcas quedarían después de limpiar la alfombra, ya fuera de talones, o de escaleras plegables? Sabe que las escaleras plegables tienen cuatro patas, ¿Verdad? —y se gira para mirar de nuevo el cuerpo desde la barandilla.
  «¿Quién es este listillo?», piensa el médico mientras lo observa. No lleva chaqué, bajo el abrigo de paño lleva un terno con americana de cierre sencillo, pero las botas son harina de otro costal. Están hechas a mano, de gruesa suela de cuero y refuerzo en laterales y empeine, para caminar, sí, pero también para aguantar rozaduras y golpes.
  —¿Me acompaña, doctor? —dice bajando la escalera. Lo hace despacio, mirando con detenimiento cada grieta, hueco, arañazo, mota de polvo, como si hubiera una conversación que sólo él pudiera escuchar. El médico intenta adivinar qué es lo que ve, intenta atisbar si en realidad hay algo que se le escapa —¿Ve esa pequeña mancha de sangre, al lado de la pared? Ahí tocó la nuca de la víctima con la esquina del escalón, eso descarta que resbalara escalera abajo. Es un buen salto de espaldas, ¿No le parece? —tendría que mirar el cuero cabelludo de la víctima, pero parecía plausible —. Aunque eso no lo mató, diría que el brazo se le enganchó en ese barrote roto, lo que le sacó el hombro y al girar la cabeza se rompió el cuello al encajarlo entre esos dos escalones, aquí, por eso terminó en esta postura tan grotesca con el brazo extendido sobre la cabeza —«Tiene razón», piensa al arrodillarse y encontrar algunas astillas en una marca en el cuero cabelludo encima de la nuca —. Bien, tenemos un tipo que se acerca a la escalera, se gira al escuchar el grito, un segundo, alguien lo empuja, al rotar en el aire su cabeza da contra el escalón aturdiéndolo, dos segundos, gira de nuevo y su brazo queda encajado entre los barrotes, tres segundos, se le sale el hombro, gira la cabeza por el dolor y se rompe el cuello al encajarlo entre dos escalones, cuatro segundos, llega al final de la escalera y expira, cinco segundos —mira a su alrededor.
  —¿Busca algo?
  —¿Qué cree que agarraba con esa mano derecha cerrada como una tenaza? —acerca la nariz a la mano y aspira con fuerza —Algo de cuero tratado con grasa de caballo, tal vez una cartera de piel. Diría que sino está aquí es porque alguien la cogería... ¿Tal vez quien lo empujó escaleras abajo?
  —Vaya, veo que ya se conocen —los dos miran hacia la puerta del pasillo, un inspector barrigón de paisano con un puro en la mano los mira divertido —. ¿Alguna conclusión?
  —Hágame un favor, ¿El cuerpo fue encontrado por una criada? Yo registraría a fondo su habitación. Tal vez encuentre una cartera de cuero llena de papel moneda. Hay una huella de hollín en la solapa del abrigo de la víctima, por su tamaño creo que femenina —el inspector mordisquea el puro rezongando y sale por la puerta como alma que lleva el diablo.
  —Lestrade se equivoca, no nos conocemos —dice el doctor ofreciéndole la mano —. Watson, John H. Watson.
  —Holmes, Sherlock Holmes, un placer —contesta estrechándosela mientras sonríe con cara de loco.


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Cuanta toga, y yo que viejo

  Corría el año 1943 cuando una mujer, trabajadora de una fábrica de armas y viuda de guerra alemana, se sienta a comer un bocadillo con compañeras y compañeros de trabajo. Mientras comen, entre risas y veras, ella cuenta un chiste: "Hitler y Göring están de pie en la plataforma de la torre de la radio de Berlín. Hitler dice que quiere hacer algo que ponga una sonrisa en la cara de todos los alemanes. Göring lo mira y dice 'Es sencillo, salta'". La mujer se llamaba Marianne Elise Kürchner y fue guillotinada por contar esa broma en junio de 1943.

  La mayoría dirá que eso es una barbaridad, lo es, que lo único que intentaba era socavar, aún más, la libertad de expresión de pueblo alemán, lo intentaba, en base a unos supuestos ficticios, lo son, que justificaban de forma torticera la opresión de la ciudadanía, pues mísmamente. Es más, el razonamiento jurídico de la sentencia de muerte ni siquiera lo esconde: "A medida que la viuda de un soldado alemán caído, Marianne Kürchner trató de socavar nuestra voluntad de defender el país y la de la mano de obra especializada en el sector del armamento, junto a nuestra voluntad de ir hacia la victoria, haciendo comentarios maliciosos sobre el Führer y el pueblo alemán y pronunciando el deseo de que debemos perder la guerra (...) Ella se ha autoexcluido de la comunidad racial. Su honor ha sido destruido de forma permanente y por lo tanto debe ser castigada con la muerte".

  Y también habrá quien diga que este tipo de cosas pasaban entonces, eran otros tiempos, ya se sabe, el nazismo, el estalinismo, el polpotismo, y si ahora pasan es en alguna dictadura, de esas con las que hace negocios la corona española, pongamos que hablo de la saudí, o en democracias bananeras... y tendrá razón, sobre todo con lo de las democracias bananeras. Déjenme poner un ejemplo.

  Verán, imaginen que alguien hace un chiste en las redes sociales sobre un dictador, o sobre el ministro de un dictador, desde luego en Chile, o en Argentina pocos habría que se atrevieran a enmendarle la plana a quien hiciera el chiste y si alguien se atreviera igual se encontraba con la policía en la puerta de su casa y una denuncia de fiscalía, pongamos que hablo de Alemania... pero si el chiste lo haces en España viene un fiscal y te pide dos años y seis meses de cárcel, más tres años de libertad vigilada.

  Sí, amigos, España, ese gran país en el que decir que un cabrón nazionalcatólico de mierda batió el record de salto de altura con goma dos puede hacer que un mamón desgraciado que ejerce de fiscal te lleve delante de un juez, ojo, por enaltecimiento del terrorismo, porque resulta que poner una bomba en una dictadura ¿ES? delito de terrorismo... ¡En Democracia! Imagino que siguiendo la legislación ugandesa con interpretación legislativa iraní, por lo menos. Lo que me lleva a preguntar, ¿En serio ese togado imbécil sacó las oposiciones a fiscal, o le regalaron la plaza con un cucurucho de castañas? ¿Se comprobó sino había falsificado el título de derecho? Y esto último lo pregunto porque la foto en la orla se pone con el photoshop cosa buena, eh.

  Sí, España, ese gran país en el que desde la fiscalía se guarda con celo la memoria del franquismo, bueno, y quien dice la fiscalía dice el juez de un juzgado en Alicante, eh.

  Aunque si creen que esto es lo peor que podría pasar en una Democracia -tener a cuatro hideputas con toga ejerciendo de pistoleros a sueldo del nazionalcatolicismo rampante-, no se equivoquen, la cosa empeora. Por ejemplo, si por un casual hay un juez que le enmiende la plana al gilipuertas del fiscal y absuelve al acusado, porque la acusación es una mierda pinchá en un palo que no se sostendría ni en un juzgado somalí, tranquilos, viene otro fiscal y eleva la misma denuncia en otro juzgado, si por chaflamejas fuera... pongamos que hablo de llevar de nuevo a juicio a César Strawberry por exactamente lo mismo por lo que fue absuelto porque al imbécil del fiscal del Tribunal Supremo no le gustó la sentencia anterior, bueno, a él, a Falange, a España 2000, a Fuerza Nueva, al Frente Nacional, a los colegas, vamos.

  En algún momento -esperemos que no sea demasiado tarde, o tendremos que soportar el bochorno de ver cómo llevan a algún realizador de La 2 ante el juez por poner un vídeo de Gila en el que pregunte por el enemigo con el teléfono en la oreja-, alguien en la judicatura hispana tendrá que convenir que cuando un nazionalcatólico de mierda, por mucha toga que tenga, se empeña en enaltecer el franquismo inventándose denuncias contra quienes dicen en voz alta y a los cuatro vientos que los nazionalcatólicos asesinaron a 300.000 españoles, que la mayoría de esos asesinados siguen en cunetas porque nazionalcatólicos de mierda en juzgados impiden que las familias recuperen sus cuerpos y que esta pseudodemocracia es una entelequia pensada para proteger a los asesinos... ese nazionalcatólico de mierda, encubridor y complice de asesinos -sí, amigo togado, hablo de ti-, por mucha toga que lleve, debe terminar con su culo en un banquillo por enaltecimiento del nazionalcatolicismo, tal y como ocurre en Alemania y en cualquier país civilizado.

  Ah, y de paso que alguien incluya en los libros de derecho la simple frase de "Esto no es Turquía, cabrones de mierda".

  Antes de terminar también quisiera decir, con todas las letras y palabras y sin dejarme una coma, que, le guste al fiscal del Tribunal Supremo, o a cualquier otro, lo mismo me da que me da lo mismo, si ETA no hubiera puesto en órbita baja a Carrero Blanco hoy España no sería la pseudodemocracia que es, y cuando quiera se lo razono, señoría.

  Y esto para que os culturicéis, leguleyos...



Larga vida, y prosperidad Ôo)-♫


También hablan de ello:
Manuel Tirado - El Humor Frente a la Mordaza
Elisa Beni - Filípica a la fiscalía

El Nacimiento de una Nación

  Allá, en el lejano 1983 -aún existía BUP-, elegí cine como optativa. El profesor, de cuyo nombre no logro acordarme, era un tipo extraño con pinta de loco que intervino en el diseño de la cajetilla del tabaco Condal y trabajó en la NASA -es verídico, eh-. A lo largo del curso vimos mucho cine, sin concesiones, cine del bueno. Recuerdo a padres discutiendo con él porque vimos Olympia, de Leni Riefenstahl -para quien no lo sepa un documental sobre las Olimpiadas de Berlín de 1936-, se repitió cuando vimos El Acorazado Potemkin, de Eisenstein (1925) -jamás olvidaré la escena de la escalera y el cochecito de bebé-, y, cómo no, con El Nacimiento de una Nación, de D. W. Griffith (1915) -la escena del asesinato de Lincoln es, para mi, una obra de arte dentro de una obra de arte-. Imagino lo complicado que le resultaría a aquel pobre hombre explicar a los padres que el arte no está sujeto a normas, y menos ideológicas.

  Después de ver El Nacimiento de una Nación, el profesor, que jamás hizo el más mínimo comentario sobre el trasfondo de lo que veíamos, a no ser para remarcar y señalar la técnica cinematográfica que se mostraba, sí se permitió decir que era una pena que ningún director se atreviera a retomar el tema de la cinta y hacer algo de tanta calidad... "más real". Estoy de acuerdo.

  Ayer tuve la suerte, y el privilegio, de ver El Nacimiento de una Nación, de Nate Parker...

  ... Reconozco que la vi con suspicacia, porque, si bien es cierto que El Nacimiento de una Nación precisaba de remozado para hacer justicia a la historia, no es menos cierto que la industria del cine tiene la penosa costumbre de convertir ciertas cosas que deberían ser como un buen trago de Pappy Van Winkles de quince años en agua de borrajas. No tengo que irme muy lejos en el tiempo para poner un ejemplo, quien haya visto The Free State of Jones convendrá conmigo en que el buen oficio de los actores suple con creces la falta de entrega de un guión que se queda a medias, y de una dirección que no pasa de lo circunstancial, cuando lo cierto es que se tenía todos los números para hacer algo de verdad memorable.

  Por suerte nada de esto ocurre con El Nacimiento de una Nación.

  Hay quien ha intentado compararla con Doce Años de Esclavitud -pongamos que hablo de Luis Martínez, de El Mundo-, pero eso es bastante simplista, y no lo digo sólo por defecto, también por exceso -pongamos que hablo de Kyle Smith, del New York Post-. Es simplista porque una película de esclavos no tiene por qué tratar sobre lo mismo que otra película de esclavos, y me niego a poner títulos. Doce Años de Esclavitud no tiene absolutamente nada que ver con El Nacimiento de una Nación, más allá de un cierto contexto, y decir lo contrario sería como aseverar que Telma y Louise tiene que algo que ver con Vivir Sin Aliento, más allá de que en las dos hay carretera y coches.

  Antes de proseguir es necesario hacer un inciso con Nate Parker, protagonista, guionista, director y productor de la cinta.

  Gina Prince-Bythewood dijo que ya apuntaba formas en The Secret Life of Bees al relatar el interés que muestra en facetas que sobrepasan la interpretación. Como actor me quedo con el Nate Parker de The Great Debaters, a la sombra de un Denzel Hayes Washington, Jr. siempre sobresaliente y con registros que van más allá de lo humanamente esperable; con el de About Alex, donde se mide en un cuerpo a cuerpo interpretativo muy, muy interesante con actores de su propia generación en una pseudo comedia shakespereana que permite lucirse y demostrar capacidad; y, por supuesto, con el de Beyond The Lights.

  Con sinceridad, creo que Beyond The Lights es la que convierte a Nate Parker en quien hoy día es Nate Parker, la película que lo convence de lo que es capaz de hacer y, más importante aún, le da una visión de lo que es capaz de llegar a hacer, todo ello frente a una Minnie Driver que, como extraño contrapeso a un Danny Glover en un papel meramente floral, por momentos llega a eclipsar a todo el elenco de la cinta.

  Aunque no piensen que ese es el Nate Parker que se van a encontrar en The Birth of a Nation. Ese Nate Parker es más complejo, más lleno de matices. Si quieren saber qué Nate Parker es el de esa película búsquenlo en la escena en que habla con su mujer sobre un viejo vestido. Ese Nate Parker, ese que escucha, ese que siente y lo trasmite a través de su cara es el actor que nos vamos a encontrar, pero en esa misma cinta hay otro Nate Parker, el que dirige desde detrás de la cámara a un grupo de esclavos que tienen que escuchar como otro esclavo les dice que según San Pedro someterse al amo es voluntad de diox. Eso, ese conjunto, el actor, el director, el guionista y el productor, ese es el Nate Parker que se van a encontrar en The Birth of a Nation.

  Por supuesto también se encontrarán la historia del levantamiento de esclavos, liderados por Nat Turner, el 21 de agosto de 1831 en el condado de Southampton, Virginia. La de verdad, no los cuentos chinos de la cinta de 1915 en la que los soldados sudistas eran desconocidos héroes, esa en la que los asesinos racistas del KKK pasaban como defensores de una nación que no existiría sin esos a los que esclavizaban, violaban y asesinaban, no, la de verdad, la de mujeres y hombres que se hicieron una simple pregunta, pregunta que, bajo mi punto de vista, sigue igual de vigente hoy, como entonces, ¿Qué tenemos que perder? Y si al verla no llega a hacerse la pregunta de qué habría hecho si hubiera sido Nat Turner, bueno, tal vez le haga falta poner más garbanzos y menos lechuga en su dieta.

  En cuanto a la calidad de la película hay poco que no se haya dicho ya, Premio a la Mejor Película y Premio del Público en el festival de Sundance, en España se pudo ver en Gijón, en la sección oficial de largometrajes a concurso, pero, aunque se estrenó mundialmente el 7 de octubre de 2016, como es costumbre en este país, no se estrenará en cines hasta Febrero de 2017... con suerte ¬¬)-~

  Suena mucho como próximo Oscar a la mejor película, pero, seré sincero, si el Oscar a la mejor película de 2017 no le cae a Silence, de Scorsese, es que algo va mal en el universo y el infierno se nos va a tragar a todos. Eso sí, mi opinión es que Nate Parker merece el Oscar a la mejor dirección, aunque sé que habrá quien diga que ya es hora de que lo gane Terrence Malick, pero es que Weightless, tal y como ocurre con sus dos últimas películas, To the Wonder y Knight of Cups, no pasa de ese quiero y no puedo que le viene ocurriendo desde El árbol de la vida.

  No quiero terminar este artículo sobre The Birth of a Nation sin destacar la actuación de Jack Earle Haley y Armie Hammer en esta película, no sólo por la gran interpretación de ambos, también porque es una película donde hacer el papel de blanco, sobre todo el de la época, no es sencillo y ellos, metidos en ese claroscuro tan extraño en el que se mueven los papeles históricos, sobre todo en este caso, sobrepasan la talla de profesionales de gran altura y calidad.

  Disfrútenla, porque es un espectáculo sobrecogedor... yo reconozco que no podré volver a verla hasta dentro de un tiempo porque todavía, cuando recuerdo muchas escenas, se me encoge el corazón.

Poesía

  —Papa —repite por tercera vez.
  —... la secuestró en un campamento de montaña, la retuvo nueve meses, a saber lo que le haría… bueno, ¡Joder, le amputó la mano!, pero no habla —su padre escucha con atención.
  —Papá —por fin lo mira con cara de fastidio —. Voy por un refresco —el padre lo observa un segundo. Veintidós años, flaco, desgarbado, despeinado, pantalones rotos, camiseta desgastada y deportivas que bien podría haber sacado de la basura. «Mi hijo», piensa.
  —Claaaro. ¿Podrías tardar más de diez minutos en bebértelo antes de venir a preguntarme cuándo nos marchamos?
  —Claaaro —contesta imitando su tono. «Mi hijo, el universitario», piensa de nuevo al verle arrastrar los pies hacia las máquinas del pasillo.
  Las máquinas de una comisaría no son como las que encuentras en una sala de espera de hospital, no brillan, ni tienen luces, son armatostes viejos, duros y metálicos encadenados a otros armatostes viejos, duros y metálicos que escupen un brebaje al que algún gracioso llama café, o bolsas de cosas crujientes, con suerte no demasiado rancias. Aquellas máquinas son viejas amigas que han hecho de padre sustituto desde que tenía nueve años. Las conoce, sabe que hay una bolsa de Doritos que ya era vieja cuando él casi no llegaba a las teclas, o que si le das una patada a la del café suelta una moneda.
  La lata de cola rebota con un enorme estruendo hasta caer en la balda. Al recogerla se da cuenta de que una chica lo observa desde el banco que hay al lado de las máquinas.
  —Hola —dice.
  —Ho... hola —contesta ella mirando de reojo la lata.
  —¿Una cola? —duda un momento, luego, simplemente, saca otra y se la da. No levanta la cabeza, sólo la coge —. Me llamo Zig —dice sentándose a su lado.
  —¿Zig?
  —Sí, de Zigor —dice con fastidio —, regalo de aquel, el que tiene cara de vasco —ella sonríe con timidez mirando hacia los dos policías que gesticulan al final del pasillo.
  —¿Qué significa?
  —Venganza... uuuuuh —los dos sonríen.
  —¿Hablan de mi?
  —Están mosqueados, son policías, les pasa cuando no saben qué hacer.
  —No voy a denunciarlo —vuelve a agachar la cabeza mientras él observa la manga derecha de su rebeca.
  —¿Quieres que te abra la lata?
  —Te lo contaron —dice nerviosa —. Me... me la cortó porque le dije que me la mordería sino me quitaba los grilletes.
  —Pues si eso no es para meterlo entre rejas... —murmura mientras le abre la lata.
  —Quieren que denuncie a quien lo mató —la mira interrogante —. Sí, él... él... yo lloraba en silencio todas las noches, en el suelo, desnuda, sucia, sin poder lavarme, con el muñón latiéndome hasta el hombro. Una noche oí como se rompía la puerta de la casa, aquel puerco intentó pelear, pero acabó tirado en el suelo, después lo desnudó, lo ató a una silla, le sacó todos los dientes con unos alicates, le machacó los dedos de los pies con un martillo, le cortó una mano con un hacha; primero dedo a dedo, luego por la muñeca; le quemó los... los... bueno... los... —asiente mientras ella se señala la entrepierna —... con un soplete, le sacó las tripas poco a poco y, al final, le rajó el cuello.
  —¿Lo viste?
  —Lo habría hecho yo —dice mirándolo a los ojos —, pero no me dejó, dijo que era mejor que no me sintiera culpable de nada, pero podía mirar, si quería.
  —¿Y quisiste? —lo mira con los ojos húmedos.
  —¿Sabes qué hacía aquel asqueroso cada vez que terminaba? Leía poesía, declamaba, se llamaba a si mismo "el poeta". Yo amaba la poesía. Ahora, cada vez que me viene a la cabeza una estrofa, mis recuerdos traen imágenes que me hacen temblar de miedo, pero también recuerdo su cara mientras iba perdiendo los dedos de la mano, o cuando el martillo le aplanaba los dedos de los pies y el miedo se diluye, ¿Entiendes? —asiente dando un sorbo a la lata —¿Tú lo denunciarías? —no contesta.
  —¿Vamos, o te quedas, Zig? —brama su padre desde el otro lado del pasillo.
  No fue hasta un par de días después, en la cena, cuando su padre comienza a mirarlo con más atención que de costumbre. Quiere preguntar, pero no sabe bien como abordar el tema, así que se limita a pasarle los guisantes y soltarlo a bocajarro.
  —Oye, hijo, ¿de qué estuviste hablando el otro día con aquella chica en la comisaría? —mientra se pone guisantes en el plato siente como su padre escruta su expresión, así que lo mira y pone cara de niño bueno.
  —De poesía, papá, de poesía.


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Primer Año de la Gloriosa Victoria Poldava - Documentos secretos I

  SECRETO Y CENSURADO: Tomas falsas del programa de ciencia oculta "Quinto Pino" - Televisión Nacional Poldava - Decimonovena temporada planificada

  Investigación y traducción de los historiadores de la República, por la gracia de Dios en los primeros años de la gloriosa victoria. Poldavia! Poldavia!

  "(...) Fue en 1919, 71 años antes de que Grant Morrison lo expusiera en el guión de la inmortal obra "El culto del libro no escrito", cuando Emil Hermann Fisher – químico alemán que trabajó en la estructura de varios azúcares estableciendo su estereoisomería, ganando el primo Nobel en 1902-, se dio cuenta de la intrínseca y tremenda complejidad de la mente enferma, dos milésimas de segundo antes de suicidarse... sin embargo, ese saber no se perdió tras su desgraciada muerte. El profesor Larry Negman, tras un accidente fortuito mientras se beneficiaba a su ayudante dentro del acelerador de partículas casero bajo su casa, quedando los dos integrados en un mismo cuerpo, escribió "Este cuerpo, parte hombre, parte mujer... este cuerpo perfecto. Este cuerpo perfecto, glorioso. Sólo la mente sigue fragmentada, a veces. Desorganizada. Somos tres aquí dentro, y la integración es lenta". Sus palabras, expuestas en la conferencia anual Vermeiden, levantaron una gran polémica, sobre todo porque nadie entendía que, si en el accidente, en principio, se habían visto involucradas dos personas en posturas incriminatorias… ¿¿¿Quién coño era el tercero??? ¿Un mirón? ¿Un inmigrante ilegal que trabajaba como mecánico por cama y comida, y por eso nadie lo había echado en falta? ¿Dios?, o peor, ¿Había sido aquello un ménage à trois?
  Ante esta incongruencia, un periodista del Poldavian Magazine le asaltó cuando huía de una fan convention de Star Trek, de la que salió evidentemente perjudicado, preguntándole por el significado de sus palabras. Se limitó a responder que en la mayoría de las ocasiones ni él entendía una mierda de lo que decía, porque había demasiada gente dentro de su cabeza. A la postre, y tras darle mucho la murga, accedió a una serie de experimentos patrocinados por el cuerpo de mentalistas de la República para aclarar aquel misterio. El más importante pasaría a los anales de la historia de la ciencia como Die cilfertig voranschlag. Consistió en traspasar la consciencia de un cerebro vivo suspendido en una sopa primordial a base de salsa galega de lata, a través de su cuerpo, hasta el cerebro de una chica catatónica conocida como Crazy Jane, diagnosticada de personalidad múltiple por el doctor Bruckner, el mismo que soportó estóicamente las injustas acusaciones de criminal de guerra y experimentos psicológicos en campos de concentración ugandeses –lo soportó estóicamente desde su retiro en Estados Unidos que, como todos sabemos, no reconoce la autoridad de la Corte Penal Intenacional-.
  Para poner en marcha el experimento el profesor Negman introdujo su mano derecha, con las uñas pintadas de rojo sangre, en la sopa, mientras su otra mano, con las uñas mordisqueadas, tocaba la cabeza de Jane, manteniendo bajo la lengua los casquillos de las balas que asesinaron a Gandhi, JFK y Lennon, que según el doctor Bruckner, estimulan el trance y las visiones. De fondo se puso un disco repetitivo con las inmortales palabras de un gran político poldavo, dichas al reves –neibavañapse, neibavañapse, neibavañapse...-, disco que ahora mismo se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic, a todas luces sustraído de la Complutense poldava, aunque Miskatonic siempre ha sostenido que lo compró por una miseria al presidente de la Caja de Ahorros poldava, antiguo cargo político del Ayuntamiento de la capital de la República. Una burda mentira, sin lugar a dudas.
  Durante las primeras 48 horas de grabación del experimento, aparte de un leve baile de San Vito que iba y venía afectando al profesor Negman –cosas de atragantarse con los puñeteros casquillos–, no pasó absolutamente nada... pero nada de nada... hasta que Crazy Jane comenzó a soltar lo que, en un primer momento, se tomó como incoherencias propias de una pobre desquiciada. Un posterior análisis demostró que aquellas incoherencias eran algo más que incoherencias, eran incoherencias con cierta coherencia...
  [Ôo]
  ... que decía cosas incoherentes pero con cierto fondo...
  [¿...?]
  ... coño, que en medio de esas incoherencias describía algo...
  [¬¬)-~]
  ... pues no sé porqué iba a tener que decirlo de entrada, ¿Quién está presentando esto, tú o yo?
  [: Prrrrr]
  ... ¡A lo que iba! Resulta que la Jane esta describía un mapa. La interpretación del mismo dio como resultado un mapa detallado de la mente humana y, ¡Oh, sorpresa!, se parecía mucho al mapa de una línea de metro, para ser más exacto la línea de metro de la capital poldava, aunque con los nombres de las estaciones muy... raritos. Las escuetas palabra del doctor Bruckner fueron muy elocuentes, "Si en cada estación de metro tiene una personalidad... lo que tiene en la cabeza no es un problema psiquiátrico, sino urbanístico. ¿Sabe alguien si existen leyes del suelo para el cerebro humano?".
  Este experimento demostró a nivel mundial la increíble capacidad del cuerpo de mentalistas de la República, dirigidos por su secretario general de la época, Patrick Jane, y su incansable trabajo por desentrañar los secretos del cerebro humano... [carcajadas del presentador]... lo siento, no he podido evitarlo... ¿¿¿De verdad algún imbécil piensa que esto se lo va a creer la gente???... alguien debería fusilar al guionista (...)"

  Nota del traductor
  Tras este programa el presentador, que guardaba un gran parecido con Patrick McGoohan, desapareció. Sus últimas palabras ante la cámara fueron: "Ya me conoces, lo que sea para reír un rato"


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Luí

  —Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte —musita mirándose al espejo mientras se enjabona la cara para afeitarse —. Tendría gracia, ¿Verdad, Luí? Sería toda una broma del Universo —coloca la cara de forma que la mitad está fuera del espejo y la mitad dentro mostrando una sonrisa blanca, nívea, perfecta —, sí, un chiste del carajo —murmura observando el filo de la navaja de afeitar como un cirujano observaría el de un escalpelo —. Es una tontería, conmigo rompieron el molde, Luí —dice levantando la voz y comenzando a afeitarse, despacio, apurando todo lo posible.
  Pulcritud, ante todo pulcritud. Su padre siempre fue tajante al respecto. Cuando era niño le repetía una y otra vez «Un hombre limpio es un hombre sano», mientras lo bañaba con una botella de whisky DYC al lado, la camisa remangada, una amplia sonrisa, mucha agua fría y un estropajo de esparto sobre su pequeña espalda llena de moretones y marcas de cinto.
  —Vaya, ¿Sabes de quién me acabo de acordar, Luí? De mi padre, sí. ¿Te acuerdas de él, Luí? Nos las hacía pasar canutas, el viejo cabrón, ¿Eh? Joder, que si nos las hacía pasar canutas... —la navaja se queda a medio camino de la cara y durante dos largos minutos sus ojos parecen perdidos en pensamientos que deambulan por extraños laberintos escondidos en lo más profundo y oscuro de su mente mientras Boris Berezovsky toca Lullaby de Khachaturian en la radio, hasta que sus ojos recuperan la luz y la mano sigue su camino —... pero aquí estamos, muy a su pesar, ¿Verdad? —sentencia apurando la navaja cuello arriba.
  Se aclara la cara y entra en el dormitorio. Alisa la solapa del traje gris que hay sobre la cama. Sólo tiene tres, pero de muy buena calidad. Su padre siempre decía que había que vestir bien, aunque no se tuviera para comer. Día tras día le machacaba lo de «Con un buen traje se consiguen muchos bocadillos», mientras se arreglaba la corbata de seda y él se acurrucaba en la esquina del sillón sintiendo gruñir las tripas.
  —Oye, Luí, he estado pensando —dice contando los billetes y monedas que tiene sobre la cómoda. Hay poco, pero tendrá que ser suficiente —, ¿Qué te parece si voy a buscar algo de comer? Ya sabes, una hamburguesa, unas cervezas, tal vez un par de chavalas, igual las traigo y montamos una juerguilla, ¿Eh? ¿Qué me dices? —suelta mientras se abrocha los botones de la chaqueta y cruza el salón hasta la cocina. Coge un saquito de pienso para gatos de la alacena, llena un cuenco y lo deja al lado del cadáver de un gato al que le asoma el mango de un cuchillo entre las costillas —A mamá le encantaban los gatos, papá los ahogaba cuando se cabreaba con ella... aunque luego siempre le traía otro para hacer las paces, era un romántico empedernido, el viejo, ¿Verdad, Luí? —dice encaminándose al salón.
  En el sofá una pareja de testigos de Jehová que tuvieron la desgracia de tocar en la puerta dos días antes parece montárselo, la chica tiene la cabeza metida entre las piernas del muchacho con la revista La Atalaya, que asoma enrollada por su bragueta, en la boca -les rajó la garganta mientras bebían café-. A su lado un pobre diablo del Círculo de Lectores que tocó en la puerta el día anterior parece estar metiéndole mano debajo de la falda -le abrió la cabeza con un martillo para aplanar carne-.
  Pasa al lado de la escena como sino los viera y se para en el pasillo.
  —Sabes que me gusta una juerga como a cualquiera, Luí, de verdad, pero convendrás conmigo en que tus amigos parecen unos ocupas con una falta de higiene personal preocupante, no hay más que olerlos... y lo del ménage à trois... esto no es normal. Siento decírtelo, Luí, pero cuando vuelva los voy a echar —suelta agachándose y mostrando una sonrisa perfecta, blanca, nívea mientras mira con atención a los ojos saltones de un pececillo anaranjado que se mueve lentamente dentro de una diminuta pecera sobre la consola de la entrada.

  En realidad Luí no es consciente de él, no hace más que mirar con sus ojillos saltones al apuesto pececillo que lo mira desde su propio reflejo en el cristal de la pecera...

  «¿Sabes?», le dice entre burbuja y burbuja, «Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte, ¿Tú qué crees?»


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Frases

Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.

Mariano José De Larra

Escritor

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Albert Einstein

Científico

Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria.

Groucho Marx

Filósofo

Tuve religión... hasta que tuve uso de razón.

George Carlin

Cómico

Las personas más crueles son siempre las sentimentales.

Ernest Hemingway

Escritor

SBMontero
no me llames
Poldavia, Europe

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