También en

  —Se giró al escuchar el grito... —dice como si fuera obvio y banal mirando la alfombra cerca de la escalera.
  —¿Disculpe? —el médico lo mira —, ¿ha dicho algo?
  —... que se giró al escuchar el grito —repite elevando el tono con tranquilidad, como si hablara con un niño pequeño.
  —¿Qué grito?
  —Es evidente. Iba camino de la escalera, alguien grita, se vuelve y lo empujan —dice con la misma tranquilidad mirando por encima de la barandilla el cuerpo al final de la escalera —. Cinco segundos.
  —¿Qué?
  —Cinco segundos, es lo que tardó en dejar de vivir.
  —Morir, lo que tardó en morir —corrige el médico.
  —Es otra forma de verlo, sí —remeda en voz baja mientras da un lento paseo alrededor de algo invisible —. ¿Ve esas marcas cerca del borde del primer escalón? Diría que corresponden a los talones de esos zapatos tan caros que lleva el difunto de abajo. Se gira al escuchar el grito, postura adelantada como corresponde a un sobresalto, de ahí las marcas de los talones, y alguien aprovecha ese pequeño giro para empujarlo escaleras abajo.
  —Podría ser —dice el médico mirando las marcas en el suelo —, aunque pueden ser viejas, o incluso de una escalera plegable para limpiar las lámparas.
  —¿En serio? —responde divertido —¿Cree que esas marcas quedarían después de limpiar la alfombra, ya fuera de talones, o de escaleras plegables? Sabe que las escaleras plegables tienen cuatro patas, ¿Verdad? —y se gira para mirar de nuevo el cuerpo desde la barandilla.
  «¿Quién es este listillo?», piensa el médico mientras lo observa. No lleva chaqué, bajo el abrigo de paño lleva un terno con americana de cierre sencillo, pero las botas son harina de otro costal. Están hechas a mano, de gruesa suela de cuero y refuerzo en laterales y empeine, para caminar, sí, pero también para aguantar rozaduras y golpes.
  —¿Me acompaña, doctor? —dice bajando la escalera. Lo hace despacio, mirando con detenimiento cada grieta, hueco, arañazo, mota de polvo, como si hubiera una conversación que sólo él pudiera escuchar. El médico intenta adivinar qué es lo que ve, intenta atisbar si en realidad hay algo que se le escapa —¿Ve esa pequeña mancha de sangre, al lado de la pared? Ahí tocó la nuca de la víctima con la esquina del escalón, eso descarta que resbalara escalera abajo. Es un buen salto de espaldas, ¿No le parece? —tendría que mirar el cuero cabelludo de la víctima, pero parecía plausible —. Aunque eso no lo mató, diría que el brazo se le enganchó en ese barrote roto, lo que le sacó el hombro y al girar la cabeza se rompió el cuello al encajarlo entre esos dos escalones, aquí, por eso terminó en esta postura tan grotesca con el brazo extendido sobre la cabeza —«Tiene razón», piensa al arrodillarse y encontrar algunas astillas en una marca en el cuero cabelludo encima de la nuca —. Bien, tenemos un tipo que se acerca a la escalera, se gira al escuchar el grito, un segundo, alguien lo empuja, al rotar en el aire su cabeza da contra el escalón aturdiéndolo, dos segundos, gira de nuevo y su brazo queda encajado entre los barrotes, tres segundos, se le sale el hombro, gira la cabeza por el dolor y se rompe el cuello al encajarlo entre dos escalones, cuatro segundos, llega al final de la escalera y expira, cinco segundos —mira a su alrededor.
  —¿Busca algo?
  —¿Qué cree que agarraba con esa mano derecha cerrada como una tenaza? —acerca la nariz a la mano y aspira con fuerza —Algo de cuero tratado con grasa de caballo, tal vez una cartera de piel. Diría que sino está aquí es porque alguien la cogería... ¿Tal vez quien lo empujó escaleras abajo?
  —Vaya, veo que ya se conocen —los dos miran hacia la puerta del pasillo, un inspector barrigón de paisano con un puro en la mano los mira divertido —. ¿Alguna conclusión?
  —Hágame un favor, ¿El cuerpo fue encontrado por una criada? Yo registraría a fondo su habitación. Tal vez encuentre una cartera de cuero llena de papel moneda. Hay una huella de hollín en la solapa del abrigo de la víctima, por su tamaño creo que femenina —el inspector mordisquea el puro rezongando y sale por la puerta como alma que lleva el diablo.
  —Lestrade se equivoca, no nos conocemos —dice el doctor ofreciéndole la mano —. Watson, John H. Watson.
  —Holmes, Sherlock Holmes, un placer —contesta estrechándosela mientras sonríe con cara de loco.

  Corría el año 1943 cuando una mujer, trabajadora de una fábrica de armas y viuda de guerra alemana, se sienta a comer un bocadillo con compañeras y compañeros de trabajo. Mientras comen, entre risas y veras, ella cuenta un chiste: "Hitler y Göring están de pie en la plataforma de la torre de la radio de Berlín. Hitler dice que quiere hacer algo que ponga una sonrisa en la cara de todos los alemanes. Göring lo mira y dice 'Es sencillo, salta'". La mujer se llamaba Marianne Elise Kürchner y fue guillotinada por contar esa broma en junio de 1943.

  La mayoría dirá que eso es una barbaridad, lo es, que lo único que intentaba era socavar, aún más, la libertad de expresión de pueblo alemán, lo intentaba, en base a unos supuestos ficticios, lo son, que justificaban de forma torticera la opresión de la ciudadanía, pues mísmamente. Es más, el razonamiento jurídico de la sentencia de muerte ni siquiera lo esconde: "A medida que la viuda de un soldado alemán caído, Marianne Kürchner trató de socavar nuestra voluntad de defender el país y la de la mano de obra especializada en el sector del armamento, junto a nuestra voluntad de ir hacia la victoria, haciendo comentarios maliciosos sobre el Führer y el pueblo alemán y pronunciando el deseo de que debemos perder la guerra (...) Ella se ha autoexcluido de la comunidad racial. Su honor ha sido destruido de forma permanente y por lo tanto debe ser castigada con la muerte".

  Y también habrá quien diga que este tipo de cosas pasaban entonces, eran otros tiempos, ya se sabe, el nazismo, el estalinismo, el polpotismo, y si ahora pasan es en alguna dictadura, de esas con las que hace negocios la corona española, pongamos que hablo de la saudí, o en democracias bananeras... y tendrá razón, sobre todo con lo de las democracias bananeras. Déjenme poner un ejemplo.

  Verán, imaginen que alguien hace un chiste en las redes sociales sobre un dictador, o sobre el ministro de un dictador, desde luego en Chile, o en Argentina pocos habría que se atrevieran a enmendarle la plana a quien hiciera el chiste y si alguien se atreviera igual se encontraba con la policía en la puerta de su casa y una denuncia de fiscalía, pongamos que hablo de Alemania... pero si el chiste lo haces en España viene un fiscal y te pide dos años y seis meses de cárcel, más tres años de libertad vigilada.

  Sí, amigos, España, ese gran país en el que decir que un cabrón nazionalcatólico de mierda batió el record de salto de altura con goma dos puede hacer que un mamón desgraciado que ejerce de fiscal te lleve delante de un juez, ojo, por enaltecimiento del terrorismo, porque resulta que poner una bomba en una dictadura ¿ES? delito de terrorismo... ¡En Democracia! Imagino que siguiendo la legislación ugandesa con interpretación legislativa iraní, por lo menos. Lo que me lleva a preguntar, ¿En serio ese togado imbécil sacó las oposiciones a fiscal, o le regalaron la plaza con un cucurucho de castañas? ¿Se comprobó sino había falsificado el título de derecho? Y esto último lo pregunto porque la foto en la orla se pone con el photoshop cosa buena, eh.

  Sí, España, ese gran país en el que desde la fiscalía se guarda con celo la memoria del franquismo, bueno, y quien dice la fiscalía dice el juez de un juzgado en Alicante, eh.

  Aunque si creen que esto es lo peor que podría pasar en una Democracia -tener a cuatro hideputas con toga ejerciendo de pistoleros a sueldo del nazionalcatolicismo rampante-, no se equivoquen, la cosa empeora. Por ejemplo, si por un casual hay un juez que le enmiende la plana al gilipuertas del fiscal y absuelve al acusado, porque la acusación es una mierda pinchá en un palo que no se sostendría ni en un juzgado somalí, tranquilos, viene otro fiscal y eleva la misma denuncia en otro juzgado, si por chaflamejas fuera... pongamos que hablo de llevar de nuevo a juicio a César Strawberry por exactamente lo mismo por lo que fue absuelto porque al imbécil del fiscal del Tribunal Supremo no le gustó la sentencia anterior, bueno, a él, a Falange, a España 2000, a Fuerza Nueva, al Frente Nacional, a los colegas, vamos.

  En algún momento -esperemos que no sea demasiado tarde, o tendremos que soportar el bochorno de ver cómo llevan a algún realizador de La 2 ante el juez por poner un vídeo de Gila en el que pregunte por el enemigo con el teléfono en la oreja-, alguien en la judicatura hispana tendrá que convenir que cuando un nazionalcatólico de mierda, por mucha toga que tenga, se empeña en enaltecer el franquismo inventándose denuncias contra quienes dicen en voz alta y a los cuatro vientos que los nazionalcatólicos asesinaron a 300.000 españoles, que la mayoría de esos asesinados siguen en cunetas porque nazionalcatólicos de mierda en juzgados impiden que las familias recuperen sus cuerpos y que esta pseudodemocracia es una entelequia pensada para proteger a los asesinos... ese nazionalcatólico de mierda, encubridor y complice de asesinos -sí, amigo togado, hablo de ti-, por mucha toga que lleve, debe terminar con su culo en un banquillo por enaltecimiento del nazionalcatolicismo, tal y como ocurre en Alemania y en cualquier país civilizado.

  Ah, y de paso que alguien incluya en los libros de derecho la simple frase de "Esto no es Turquía, cabrones de mierda".

  Antes de terminar también quisiera decir, con todas las letras y palabras y sin dejarme una coma, que, le guste al fiscal del Tribunal Supremo, o a cualquier otro, lo mismo me da que me da lo mismo, si ETA no hubiera puesto en órbita baja a Carrero Blanco hoy España no sería la pseudodemocracia que es, y cuando quiera se lo razono, señoría.

  Y esto para que os culturicéis, leguleyos...



Larga vida, y prosperidad Ôo)-♫


También hablan de ello:
Manuel Tirado - El Humor Frente a la Mordaza
Elisa Beni - Filípica a la fiscalía

  Allá, en el lejano 1983 -aún existía BUP-, elegí cine como optativa. El profesor, de cuyo nombre no logro acordarme, era un tipo extraño con pinta de loco que intervino en el diseño de la cajetilla del tabaco Condal y trabajó en la NASA -es verídico, eh-. A lo largo del curso vimos mucho cine, sin concesiones, cine del bueno. Recuerdo a padres discutiendo con él porque vimos Olympia, de Leni Riefenstahl -para quien no lo sepa un documental sobre las Olimpiadas de Berlín de 1936-, se repitió cuando vimos El Acorazado Potemkin, de Eisenstein (1925) -jamás olvidaré la escena de la escalera y el cochecito de bebé-, y, cómo no, con El Nacimiento de una Nación, de D. W. Griffith (1915) -la escena del asesinato de Lincoln es, para mi, una obra de arte dentro de una obra de arte-. Imagino lo complicado que le resultaría a aquel pobre hombre explicar a los padres que el arte no está sujeto a normas, y menos ideológicas.

  Después de ver El Nacimiento de una Nación, el profesor, que jamás hizo el más mínimo comentario sobre el trasfondo de lo que veíamos, a no ser para remarcar y señalar la técnica cinematográfica que se mostraba, sí se permitió decir que era una pena que ningún director se atreviera a retomar el tema de la cinta y hacer algo de tanta calidad... "más real". Estoy de acuerdo.

  Ayer tuve la suerte, y el privilegio, de ver El Nacimiento de una Nación, de Nate Parker...

  ... Reconozco que la vi con suspicacia, porque, si bien es cierto que El Nacimiento de una Nación precisaba de remozado para hacer justicia a la historia, no es menos cierto que la industria del cine tiene la penosa costumbre de convertir ciertas cosas que deberían ser como un buen trago de Pappy Van Winkles de quince años en agua de borrajas. No tengo que irme muy lejos en el tiempo para poner un ejemplo, quien haya visto The Free State of Jones convendrá conmigo en que el buen oficio de los actores suple con creces la falta de entrega de un guión que se queda a medias, y de una dirección que no pasa de lo circunstancial, cuando lo cierto es que se tenía todos los números para hacer algo de verdad memorable.

  Por suerte nada de esto ocurre con El Nacimiento de una Nación.

  Hay quien ha intentado compararla con Doce Años de Esclavitud -pongamos que hablo de Luis Martínez, de El Mundo-, pero eso es bastante simplista, y no lo digo sólo por defecto, también por exceso -pongamos que hablo de Kyle Smith, del New York Post-. Es simplista porque una película de esclavos no tiene por qué tratar sobre lo mismo que otra película de esclavos, y me niego a poner títulos. Doce Años de Esclavitud no tiene absolutamente nada que ver con El Nacimiento de una Nación, más allá de un cierto contexto, y decir lo contrario sería como aseverar que Telma y Louise tiene que algo que ver con Vivir Sin Aliento, más allá de que en las dos hay carretera y coches.

  Antes de proseguir es necesario hacer un inciso con Nate Parker, protagonista, guionista, director y productor de la cinta.

  Gina Prince-Bythewood dijo que ya apuntaba formas en The Secret Life of Bees al relatar el interés que muestra en facetas que sobrepasan la interpretación. Como actor me quedo con el Nate Parker de The Great Debaters, a la sombra de un Denzel Hayes Washington, Jr. siempre sobresaliente y con registros que van más allá de lo humanamente esperable; con el de About Alex, donde se mide en un cuerpo a cuerpo interpretativo muy, muy interesante con actores de su propia generación en una pseudo comedia shakespereana que permite lucirse y demostrar capacidad; y, por supuesto, con el de Beyond The Lights.

  Con sinceridad, creo que Beyond The Lights es la que convierte a Nate Parker en quien hoy día es Nate Parker, la película que lo convence de lo que es capaz de hacer y, más importante aún, le da una visión de lo que es capaz de llegar a hacer, todo ello frente a una Minnie Driver que, como extraño contrapeso a un Danny Glover en un papel meramente floral, por momentos llega a eclipsar a todo el elenco de la cinta.

  Aunque no piensen que ese es el Nate Parker que se van a encontrar en The Birth of a Nation. Ese Nate Parker es más complejo, más lleno de matices. Si quieren saber qué Nate Parker es el de esa película búsquenlo en la escena en que habla con su mujer sobre un viejo vestido. Ese Nate Parker, ese que escucha, ese que siente y lo trasmite a través de su cara es el actor que nos vamos a encontrar, pero en esa misma cinta hay otro Nate Parker, el que dirige desde detrás de la cámara a un grupo de esclavos que tienen que escuchar como otro esclavo les dice que según San Pedro someterse al amo es voluntad de diox. Eso, ese conjunto, el actor, el director, el guionista y el productor, ese es el Nate Parker que se van a encontrar en The Birth of a Nation.

  Por supuesto también se encontrarán la historia del levantamiento de esclavos, liderados por Nat Turner, el 21 de agosto de 1831 en el condado de Southampton, Virginia. La de verdad, no los cuentos chinos de la cinta de 1915 en la que los soldados sudistas eran desconocidos héroes, esa en la que los asesinos racistas del KKK pasaban como defensores de una nación que no existiría sin esos a los que esclavizaban, violaban y asesinaban, no, la de verdad, la de mujeres y hombres que se hicieron una simple pregunta, pregunta que, bajo mi punto de vista, sigue igual de vigente hoy, como entonces, ¿Qué tenemos que perder? Y si al verla no llega a hacerse la pregunta de qué habría hecho si hubiera sido Nat Turner, bueno, tal vez le haga falta poner más garbanzos y menos lechuga en su dieta.

  En cuanto a la calidad de la película hay poco que no se haya dicho ya, Premio a la Mejor Película y Premio del Público en el festival de Sundance, en España se pudo ver en Gijón, en la sección oficial de largometrajes a concurso, pero, aunque se estrenó mundialmente el 7 de octubre de 2016, como es costumbre en este país, no se estrenará en cines hasta Febrero de 2017... con suerte ¬¬)-~

  Suena mucho como próximo Oscar a la mejor película, pero, seré sincero, si el Oscar a la mejor película de 2017 no le cae a Silence, de Scorsese, es que algo va mal en el universo y el infierno se nos va a tragar a todos. Eso sí, mi opinión es que Nate Parker merece el Oscar a la mejor dirección, aunque sé que habrá quien diga que ya es hora de que lo gane Terrence Malick, pero es que Weightless, tal y como ocurre con sus dos últimas películas, To the Wonder y Knight of Cups, no pasa de ese quiero y no puedo que le viene ocurriendo desde El árbol de la vida.

  No quiero terminar este artículo sobre The Birth of a Nation sin destacar la actuación de Jack Earle Haley y Armie Hammer en esta película, no sólo por la gran interpretación de ambos, también porque es una película donde hacer el papel de blanco, sobre todo el de la época, no es sencillo y ellos, metidos en ese claroscuro tan extraño en el que se mueven los papeles históricos, sobre todo en este caso, sobrepasan la talla de profesionales de gran altura y calidad.

  Disfrútenla, porque es un espectáculo sobrecogedor... yo reconozco que no podré volver a verla hasta dentro de un tiempo porque todavía, cuando recuerdo muchas escenas, se me encoge el corazón.

  —Papa —repite por tercera vez.
  —... la secuestró en un campamento de montaña, la retuvo nueve meses, a saber lo que le haría… bueno, ¡Joder, le amputó la mano!, pero no habla —su padre escucha con atención.
  —Papá —por fin lo mira con cara de fastidio —. Voy por un refresco —el padre lo observa un segundo. Veintidós años, flaco, desgarbado, despeinado, pantalones rotos, camiseta desgastada y deportivas que bien podría haber sacado de la basura. «Mi hijo», piensa.
  —Claaaro. ¿Podrías tardar más de diez minutos en bebértelo antes de venir a preguntarme cuándo nos marchamos?
  —Claaaro —contesta imitando su tono. «Mi hijo, el universitario», piensa de nuevo al verle arrastrar los pies hacia las máquinas del pasillo.
  Las máquinas de una comisaría no son como las que encuentras en una sala de espera de hospital, no brillan, ni tienen luces, son armatostes viejos, duros y metálicos encadenados a otros armatostes viejos, duros y metálicos que escupen un brebaje al que algún gracioso llama café, o bolsas de cosas crujientes, con suerte no demasiado rancias. Aquellas máquinas son viejas amigas que han hecho de padre sustituto desde que tenía nueve años. Las conoce, sabe que hay una bolsa de Doritos que ya era vieja cuando él casi no llegaba a las teclas, o que si le das una patada a la del café suelta una moneda.
  La lata de cola rebota con un enorme estruendo hasta caer en la balda. Al recogerla se da cuenta de que una chica lo observa desde el banco que hay al lado de las máquinas.
  —Hola —dice.
  —Ho... hola —contesta ella mirando de reojo la lata.
  —¿Una cola? —duda un momento, luego, simplemente, saca otra y se la da. No levanta la cabeza, sólo la coge —. Me llamo Zig —dice sentándose a su lado.
  —¿Zig?
  —Sí, de Zigor —dice con fastidio —, regalo de aquel, el que tiene cara de vasco —ella sonríe con timidez mirando hacia los dos policías que gesticulan al final del pasillo.
  —¿Qué significa?
  —Venganza... uuuuuh —los dos sonríen.
  —¿Hablan de mi?
  —Están mosqueados, son policías, les pasa cuando no saben qué hacer.
  —No voy a denunciarlo —vuelve a agachar la cabeza mientras él observa la manga derecha de su rebeca.
  —¿Quieres que te abra la lata?
  —Te lo contaron —dice nerviosa —. Me... me la cortó porque le dije que me la mordería sino me quitaba los grilletes.
  —Pues si eso no es para meterlo entre rejas... —murmura mientras le abre la lata.
  —Quieren que denuncie a quien lo mató —la mira interrogante —. Sí, él... él... yo lloraba en silencio todas las noches, en el suelo, desnuda, sucia, sin poder lavarme, con el muñón latiéndome hasta el hombro. Una noche oí como se rompía la puerta de la casa, aquel puerco intentó pelear, pero acabó tirado en el suelo, después lo desnudó, lo ató a una silla, le sacó todos los dientes con unos alicates, le machacó los dedos de los pies con un martillo, le cortó una mano con un hacha; primero dedo a dedo, luego por la muñeca; le quemó los... los... bueno... los... —asiente mientras ella se señala la entrepierna —... con un soplete, le sacó las tripas poco a poco y, al final, le rajó el cuello.
  —¿Lo viste?
  —Lo habría hecho yo —dice mirándolo a los ojos —, pero no me dejó, dijo que era mejor que no me sintiera culpable de nada, pero podía mirar, si quería.
  —¿Y quisiste? —lo mira con los ojos húmedos.
  —¿Sabes qué hacía aquel asqueroso cada vez que terminaba? Leía poesía, declamaba, se llamaba a si mismo "el poeta". Yo amaba la poesía. Ahora, cada vez que me viene a la cabeza una estrofa, mis recuerdos traen imágenes que me hacen temblar de miedo, pero también recuerdo su cara mientras iba perdiendo los dedos de la mano, o cuando el martillo le aplanaba los dedos de los pies y el miedo se diluye, ¿Entiendes? —asiente dando un sorbo a la lata —¿Tú lo denunciarías? —no contesta.
  —¿Vamos, o te quedas, Zig? —brama su padre desde el otro lado del pasillo.
  No fue hasta un par de días después, en la cena, cuando su padre comienza a mirarlo con más atención que de costumbre. Quiere preguntar, pero no sabe bien como abordar el tema, así que se limita a pasarle los guisantes y soltarlo a bocajarro.
  —Oye, hijo, ¿de qué estuviste hablando el otro día con aquella chica en la comisaría? —mientra se pone guisantes en el plato siente como su padre escruta su expresión, así que lo mira y pone cara de niño bueno.
  —De poesía, papá, de poesía.


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  SECRETO Y CENSURADO: Tomas falsas del programa de ciencia oculta "Quinto Pino" - Televisión Nacional Poldava - Decimonovena temporada planificada

  Investigación y traducción de los historiadores de la República, por la gracia de Dios en los primeros años de la gloriosa victoria. Poldavia! Poldavia!

  "(...) Fue en 1919, 71 años antes de que Grant Morrison lo expusiera en el guión de la inmortal obra "El culto del libro no escrito", cuando Emil Hermann Fisher – químico alemán que trabajó en la estructura de varios azúcares estableciendo su estereoisomería, ganando el primo Nobel en 1902-, se dio cuenta de la intrínseca y tremenda complejidad de la mente enferma, dos milésimas de segundo antes de suicidarse... sin embargo, ese saber no se perdió tras su desgraciada muerte. El profesor Larry Negman, tras un accidente fortuito mientras se beneficiaba a su ayudante dentro del acelerador de partículas casero bajo su casa, quedando los dos integrados en un mismo cuerpo, escribió "Este cuerpo, parte hombre, parte mujer... este cuerpo perfecto. Este cuerpo perfecto, glorioso. Sólo la mente sigue fragmentada, a veces. Desorganizada. Somos tres aquí dentro, y la integración es lenta". Sus palabras, expuestas en la conferencia anual Vermeiden, levantaron una gran polémica, sobre todo porque nadie entendía que, si en el accidente, en principio, se habían visto involucradas dos personas en posturas incriminatorias… ¿¿¿Quién coño era el tercero??? ¿Un mirón? ¿Un inmigrante ilegal que trabajaba como mecánico por cama y comida, y por eso nadie lo había echado en falta? ¿Dios?, o peor, ¿Había sido aquello un ménage à trois?
  Ante esta incongruencia, un periodista del Poldavian Magazine le asaltó cuando huía de una fan convention de Star Trek, de la que salió evidentemente perjudicado, preguntándole por el significado de sus palabras. Se limitó a responder que en la mayoría de las ocasiones ni él entendía una mierda de lo que decía, porque había demasiada gente dentro de su cabeza. A la postre, y tras darle mucho la murga, accedió a una serie de experimentos patrocinados por el cuerpo de mentalistas de la República para aclarar aquel misterio. El más importante pasaría a los anales de la historia de la ciencia como Die cilfertig voranschlag. Consistió en traspasar la consciencia de un cerebro vivo suspendido en una sopa primordial a base de salsa galega de lata, a través de su cuerpo, hasta el cerebro de una chica catatónica conocida como Crazy Jane, diagnosticada de personalidad múltiple por el doctor Bruckner, el mismo que soportó estóicamente las injustas acusaciones de criminal de guerra y experimentos psicológicos en campos de concentración ugandeses –lo soportó estóicamente desde su retiro en Estados Unidos que, como todos sabemos, no reconoce la autoridad de la Corte Penal Intenacional-.
  Para poner en marcha el experimento el profesor Negman introdujo su mano derecha, con las uñas pintadas de rojo sangre, en la sopa, mientras su otra mano, con las uñas mordisqueadas, tocaba la cabeza de Jane, manteniendo bajo la lengua los casquillos de las balas que asesinaron a Gandhi, JFK y Lennon, que según el doctor Bruckner, estimulan el trance y las visiones. De fondo se puso un disco repetitivo con las inmortales palabras de un gran político poldavo, dichas al reves –neibavañapse, neibavañapse, neibavañapse...-, disco que ahora mismo se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic, a todas luces sustraído de la Complutense poldava, aunque Miskatonic siempre ha sostenido que lo compró por una miseria al presidente de la Caja de Ahorros poldava, antiguo cargo político del Ayuntamiento de la capital de la República. Una burda mentira, sin lugar a dudas.
  Durante las primeras 48 horas de grabación del experimento, aparte de un leve baile de San Vito que iba y venía afectando al profesor Negman –cosas de atragantarse con los puñeteros casquillos–, no pasó absolutamente nada... pero nada de nada... hasta que Crazy Jane comenzó a soltar lo que, en un primer momento, se tomó como incoherencias propias de una pobre desquiciada. Un posterior análisis demostró que aquellas incoherencias eran algo más que incoherencias, eran incoherencias con cierta coherencia...
  [Ôo]
  ... que decía cosas incoherentes pero con cierto fondo...
  [¿...?]
  ... coño, que en medio de esas incoherencias describía algo...
  [¬¬)-~]
  ... pues no sé porqué iba a tener que decirlo de entrada, ¿Quién está presentando esto, tú o yo?
  [: Prrrrr]
  ... ¡A lo que iba! Resulta que la Jane esta describía un mapa. La interpretación del mismo dio como resultado un mapa detallado de la mente humana y, ¡Oh, sorpresa!, se parecía mucho al mapa de una línea de metro, para ser más exacto la línea de metro de la capital poldava, aunque con los nombres de las estaciones muy... raritos. Las escuetas palabra del doctor Bruckner fueron muy elocuentes, "Si en cada estación de metro tiene una personalidad... lo que tiene en la cabeza no es un problema psiquiátrico, sino urbanístico. ¿Sabe alguien si existen leyes del suelo para el cerebro humano?".
  Este experimento demostró a nivel mundial la increíble capacidad del cuerpo de mentalistas de la República, dirigidos por su secretario general de la época, Patrick Jane, y su incansable trabajo por desentrañar los secretos del cerebro humano... [carcajadas del presentador]... lo siento, no he podido evitarlo... ¿¿¿De verdad algún imbécil piensa que esto se lo va a creer la gente???... alguien debería fusilar al guionista (...)"

  Nota del traductor
  Tras este programa el presentador, que guardaba un gran parecido con Patrick McGoohan, desapareció. Sus últimas palabras ante la cámara fueron: "Ya me conoces, lo que sea para reír un rato"

  —Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte —musita mirándose al espejo mientras se enjabona la cara para afeitarse —. Tendría gracia, ¿Verdad, Luí? Sería toda una broma del Universo —coloca la cara de forma que la mitad está fuera del espejo y la mitad dentro mostrando una sonrisa blanca, nívea, perfecta —, sí, un chiste del carajo —murmura observando el filo de la navaja de afeitar como un cirujano observaría el de un escalpelo —. Es una tontería, conmigo rompieron el molde, Luí —dice levantando la voz y comenzando a afeitarse, despacio, apurando todo lo posible.
  Pulcritud, ante todo pulcritud. Su padre siempre fue tajante al respecto. Cuando era niño le repetía una y otra vez «Un hombre limpio es un hombre sano», mientras lo bañaba con una botella de whisky DYC al lado, la camisa remangada, una amplia sonrisa, mucha agua fría y un estropajo de esparto sobre su pequeña espalda llena de moretones y marcas de cinto.
  —Vaya, ¿Sabes de quién me acabo de acordar, Luí? De mi padre, sí. ¿Te acuerdas de él, Luí? Nos las hacía pasar canutas, el viejo cabrón, ¿Eh? Joder, que si nos las hacía pasar canutas... —la navaja se queda a medio camino de la cara y durante dos largos minutos sus ojos parecen perdidos en pensamientos que deambulan por extraños laberintos escondidos en lo más profundo y oscuro de su mente mientras Boris Berezovsky toca Lullaby de Khachaturian en la radio, hasta que sus ojos recuperan la luz y la mano sigue su camino —... pero aquí estamos, muy a su pesar, ¿Verdad? —sentencia apurando la navaja cuello arriba.
  Se aclara la cara y entra en el dormitorio. Alisa la solapa del traje gris que hay sobre la cama. Sólo tiene tres, pero de muy buena calidad. Su padre siempre decía que había que vestir bien, aunque no se tuviera para comer. Día tras día le machacaba lo de «Con un buen traje se consiguen muchos bocadillos», mientras se arreglaba la corbata de seda y él se acurrucaba en la esquina del sillón sintiendo gruñir las tripas.
  —Oye, Luí, he estado pensando —dice contando los billetes y monedas que tiene sobre la cómoda. Hay poco, pero tendrá que ser suficiente —, ¿Qué te parece si voy a buscar algo de comer? Ya sabes, una hamburguesa, unas cervezas, tal vez un par de chavalas, igual las traigo y montamos una juerguilla, ¿Eh? ¿Qué me dices? —suelta mientras se abrocha los botones de la chaqueta y cruza el salón hasta la cocina. Coge un saquito de pienso para gatos de la alacena, llena un cuenco y lo deja al lado del cadáver de un gato al que le asoma el mango de un cuchillo entre las costillas —A mamá le encantaban los gatos, papá los ahogaba cuando se cabreaba con ella... aunque luego siempre le traía otro para hacer las paces, era un romántico empedernido, el viejo, ¿Verdad, Luí? —dice encaminándose al salón.
  En el sofá una pareja de testigos de Jehová que tuvieron la desgracia de tocar en la puerta dos días antes parece montárselo, la chica tiene la cabeza metida entre las piernas del muchacho con la revista La Atalaya, que asoma enrollada por su bragueta, en la boca -les rajó la garganta mientras bebían café-. A su lado un pobre diablo del Círculo de Lectores que tocó en la puerta el día anterior parece estar metiéndole mano debajo de la falda -le abrió la cabeza con un martillo para aplanar carne-.
  Pasa al lado de la escena como sino los viera y se para en el pasillo.
  —Sabes que me gusta una juerga como a cualquiera, Luí, de verdad, pero convendrás conmigo en que tus amigos parecen unos ocupas con una falta de higiene personal preocupante, no hay más que olerlos... y lo del ménage à trois... esto no es normal. Siento decírtelo, Luí, pero cuando vuelva los voy a echar —suelta agachándose y mostrando una sonrisa perfecta, blanca, nívea mientras mira con atención a los ojos saltones de un pececillo anaranjado que se mueve lentamente dentro de una diminuta pecera sobre la consola de la entrada.

  En realidad Luí no es consciente de él, no hace más que mirar con sus ojillos saltones al apuesto pececillo que lo mira desde su propio reflejo en el cristal de la pecera...

  «¿Sabes?», le dice entre burbuja y burbuja, «Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte, ¿Tú qué crees?»


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  George Bernard Shaw, que no era precisamente un gran admirador de la democracia representativa -siempre fue un adelantado a su tiempo-, dijo que la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos, o lo que es lo mismo, tenemos lo que nos merecemos, ni más, ni menos. Ayer, nueve de noviembre de 2016, esa frase tiene más vigencia de la que muchos quisieran admitir, porque ayer Donald Trump se convirtió, de facto, en presidente de los Estados Unidos de América.

  Antes de continuar no quiero dejar pasar la ocasión para comentar que ver a tanto español escribiendo y diciendo que esto es de locos tiene su aquel, porque en España gobierna un tipo que representa unas siglas políticas inmersas en la mayor trama mafiosa de corrupción que ha visto Europa en ciento cincuenta años, así que lo de "los estadounidenses son gilipollas"... menos lobos, que no sois precisamente la gente más avispada de las batuecas, animalicos.

  La pregunta que más he leído, prácticamente en todos los idiomas -bueno, en ruso no-, ha sido ¿Cómo es posible? Y la respuesta es bastante sencilla, es más, de nuevo los españoles sabemos sobre el tema -de qué no sabremos los españoles... que nos den la barra de un bar y nos dejen solos-. En un sistema electoral en el que ambos candidatos de partidos mayoritarios apestan siempre se elegirá el que peor huele, o como bien dice la tercera ley de Price, todo es contagioso, y añado, sobre todo el gusto por el olor a basura... y si lo duda, explique de forma creíble, es decir, sin apelar a una calidad de la que sabemos carece, por qué TeleCinco es la televisión más vista en España. Adelante.

  De todas formas la cosa empeorará en los US cuando comiencen a darle vueltas a qué habría pasado si en vez de ser Hillary Clinton el candidato demócrata hubiera sido Bernie Sanders, porque en esa discusión más de uno del comité demócrata debería salir volando por una ventana y con razón.

  Entrando en harina, verán, es evidente que los estadounidenses van a pasarlas canutas teniendo como presidente a Donald Trump, como mínimo van a pasarlas igual de canutas que nosotros con Rajoy de presidente -diox coja confesadas las pensiones, de entrada sobre todo las de viudas y huérfanos-, y, aunque no es ningún consuelo, lo cierto es que al resto del mundo no le va a ir mejor. Para entender a qué me refiero sería bueno leer el comunicado del Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, felicitando al nuevo presidente de los Estados Unidos, pero sobre todo los comentarios que le dedican desde el otro lado del charco por twitter...


  ... no sólo Schulz, todos, y cuando digo todos, es todos, bueno, menos Putin por razones obvias, han dicho que Trump es una desgracia, que lo es, a excepción de la extrema derecha europea, por cierto, la misma que financia a Ciudadanos, lo que tiene cierta gracia porque ayer Begoña Villacís, Albert Rivera y demás se estaban rompiendo la boca llamando populista a Trump, y digo que tiene cierta gracia porque no puedes estar financiado por la extrema derecha europea, pongamos que hablo de Libertas, que esta se congratule porque Donald Trump llega a presidente y tú ponerte de digno, porque no cuela, bonito.

  Como decía, eso nos deja con un presidente de los US que no quiere financiar la OTAN, es previsible que haga lo mismo con la UN, que tiene interés en llevarse bien con Rusia y se pregunta de forma pública por qué, teniéndolas, no se pueden usar las armas nucleares, lo que abre paisajes espeluznantes en Siria y los antiguos estados soviéticos, los limítrofes con Europa sobre todo. Sé que para muchos de ustedes lo que acabo de decir es como cuando Marge le dice algo a Hommer y este sólo oye "Baaaaacon" obviando el "si sigues comiendo... te reventará el corazón", cosa en la que, por cierto, también nos parecemos a los estadounidenses.

  Todo esto no es nada raro, los estadounidenses, al igual que hicimos nosotros, sólo cumplen la Ley de Rudin, ya saben, en situaciones de crisis en las que la gente se ve obligada a elegir entre varias opciones alternativas, la mayor parte de las personas escogen la peor posible y si la mayor parte lo hace... bueno, la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos. Donald Trump y Mariano Rajoy sólo son lo que nos merecemos, tal cual.

  Ah, y si siendo estadounidense, o español siente la necesidad de creer que las cosas deben empeorar antes de mejorar... por diox, no sea imbécil, ¿Es que no ha aprendido nada en 524 años?