También en

  De siempre, una de las cosas que más pena me da de los españoles es la absoluta estupidez de la que pecan cuando se habla de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, a veces por una falta de memoria que raya la oligofrenia, cuando no pura ignorancia, que no sé qué será peor. Déjenme poner ejemplos.

  Verán, hace nada veíamos a la policía y el ejercito húngaro, serbio y austriaco golpeando, acogotando y gaseando refugiados en sus fronteras, es más, incluso el propio Partido Popular, eso sí, tarde y mal, llegó a hacer una tímida condena de lo que estaba ocurriendo, aunque fue más porque la inmensa mayoría de los españoles estaban poniendo el grito en el cielo que porque de verdad el ejecutivo de Rajoy piense que estaba mal, es más, el ejecutivo de Rajoy hace exactamente lo mismo, o peor, en la frontera española en África, ojo, tal y como lo hizo en su momento el ejecutivo de Zapatero, no crean que la cosa fue diferente con él... ah, y no me vengan con la regularización, que no quita lo que se hizo en la mal llamada "crisis de los cayucos".

  Si por un lado el Partido Popular hoy pone concertinas, hace devoluciones en caliente y permite el asesinato de inmigrantes en el mar, ayer -pongamos que hablo de 2006- no fue mejor lo que el PSOE hizo con los refugiados que llegaron huyendo de las guerras de Somalia, el Congo, Uganda, o Mali. Más de 15.000 de esas personas jamás llegaron a saber que tenían derecho a asilo en nuestro país y hasta que las ONGs no denunciaron, entre ellas la propia Cruz Roja, estas personas ni siquiera recibían asesoramiento legal. Los hubo que incluso murieron a manos de nuestras gloriosas fuerzas de seguridad del Estado mientras eran repatriadas, atados a la butaca del avión y con inyección de tranquilizantes mal puesta... no recuerdo ninguna condena a un policía por ello y, no nos engañemos, si hubiera habido condena el indulto habría sido automático.

  Ah, y no olvidemos que tanto el PSOE como el Partido Popular tienen el dudoso honor de ser responsables de votar cogidos de la manita el reglamento que permite a Reino Unido tener en campos de concentración a inmigrantes, menores incluidos, por periodos que harían sonrojar a Stalin, la aprobación del reglamento Dublín III y el acuerdo con Turquía sobre inmigración que está a la altura de aquellos que el III Reich firmó con los gobiernos títeres de Polonia y Hungría sobre "acogida" de judíos.

  Una vez dicho lo anterior que, bajo mi punto de vista, demuestra que damos tanto asco como aquellos que aspiran a representarnos, me gustaría llamar la atención sobre algo que hoy parece tremendamente importante, o eso intentan que creamos... Venezuela.

  Quiero aclarar que si se me pregunta si es importante que en Venezuela se respeten los derechos humanos, diré que sí, estaría bueno. El respeto a los derechos humanos debe ser universal, en Venezuela, Rusia, Arabia Saudí, Marruecos, Corea del Norte, China, Serbia, Hungría, Turquía, o Estados Unidos. ¿Significa eso que si un país es acusado de no respetar los derechos humanos no deberíamos tener relaciones económicas, ni diplomáticas con su gobierno? Yo lo firmaría, pero la realidad es que no es así. España y la Unión Europea (EU) tiene relaciones diplomáticas y comerciales con muchos países cuyo respeto por los derechos humanos es, cuando menos, dudoso... y algunos directamente inexistente... con Venezuela también, es más, el ejecutivo del Partido Popular ha vendido armas y pertrechos a Venezuela, armas y pertrechos con los que, por cierto, supuestamente se reprime a la población. Quede claro.

  Una vez dicho esto quisiera hacerles una reflexión. Si un tipo dijera en la radio que los españoles deberian levantarse, tomar el Parlamento y quemar el edificio, y un grupo de ciudadanos se lanzaran contra el Parlamento e intentaran quemar el edificio y, como resultado del asalto, murieran varios de los asaltantes y miles resultaran heridos, ¿Sería responsable el tipo de la radio, o no?

  Bueno, en realidad lo que ustedes opinen al respecto da lo mismo, la ley dice que sí es responsable y, además, de varios delitos: Incitación a la violencia, levantamiento popular, traición, intento de golpe de Estado, homicidio involuntario y, si me apuran, intento de asesinato ya que se incita a que se asesinen policías.

  En principio, y siempre y cuando haya pruebas claras de que existió violencia y la policía ejerció la fuerza adecuada en defensa de sus propias vidas yo no pondría un pero, e imagino que la inmensa mayoría de los españoles tampoco -vamos, quiero creer eso-.

  Bien, pues si es así, ¿Por qué se supone que nos llega tanto al corazón que nuestros políticos pongan como excusa de su preocupación por Venezuela a un tipo, Leopoldo López, que está condenado en firme por precisamente eso, ser responsable de incitar a la violencia, la muerte de cuarenta personas, ahí es nada, y de miles de heridos? Un tipo que, hablando de todo un poco, también está condenado por corrupción y financiación ilegal de su partido, ojocuidao, porque su propia madre metió dinero en cuentas del partido provenientes de las arcas públicas. Para que nos entendamos, sería como si alguien en el extranjero pusiera a Bárcenas, Granados, o Barberá de ejemplo en defensa de la Democracia y los derechos humanos... hoy Don Ramón disfrutaría mucho con el esperpento hispano.

  ¿Estoy criticando con esto al señor Zapatero, o Don Albert Rivera por ir a Venezuela? Hmmm no, creo que el señor Zapatero hace lo que puede para elevar la maltrecha imagen que tiene, tanto dentro como fuera del país, y Don Albert Rivera hace lo que le toca en relación a la campaña electoral en la que está inmerso en España, pero hasta aquí, de ahí a que me tomen por imbécil va un potosí, eh.

  Y si usted permite que lo tomen por imbécil, pues vuelva al primer párrafo de este artículo que, con toda seguridad, el texto se le habrá olvidado.

  Ale, bonicos.

  Como todos saben -y sino lo saben se lo cuento, que no me cuesta nada-, llevo un tiempo haciéndome eco de que la Unión Europea (EU) quiere dar el cerrojazo a la Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO) que, de nuevo, para quien no lo sepa, es una orquesta que viene funcionando desde 1976, no 78 como aparece en la Wikipedia, no, desde 1976, con el apoyo del Parlamento Europeo y la Comisión Europea, siendo financiada mediante el presupuesto de la EU y por presupuestos provenientes de veintisiete Estados miembros. No está de más recordar que sin la EUYO hoy no existiría la Chamber Orquestra of Europe -Orquesta de Cámara de Europa- (COE), o la European Union Baroque Orchestra -Orquesta Barroca de la Unión Eupea- (EUBO), entre otras que, curiosamente, no corren peligro de desaparecer por razones de las que hablaré más adelante.

  Para poder entender qué ha ocurrido hasta llegar donde hoy estamos tenemos que hacer un poco de historia, tal vez así aquellos que, sin dejar de decir eso de "todo nuestro apoyo", eso sí, con la boca chiquitita, no se cortan a la hora de defender un sistema que se ha convertido en un verdadero cementerio para muchas organizaciones culturales que dependían para existir de la financiación de la EU, tengan a bien pensar antes de hablar.

  La Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO) fue fundada el 8 de marzo de 1976 a raíz de una resolución del Parlamento Europeo. Esto es importante. Sin esa resolución la EUYO no existiría, es más, sin esa resolución el 22 de abril de ese mismo año la Comisión Europea no habría confirmado el patrocinio de la EU a la EUYO. Sin ese patrocinio difícilmente habrían tomado su batuta al frente de la EUYO nombres de la talla de Herbert von Karajan, Daniel Barenboim, Leonard Bernstein, Zubin Mehta, Vladimir Ashkenazy, Vasily Petrenko, Xian Zhang y, por supuesto, el primero, el maestro Claudio Abbado -seguro que me dejo alguien atrás, espero que sepa perdonármelo-.

  Cuando se dice que la EUYO no es una orquesta pública, sino una Fundación "privada", se obvia que en la EU, como institución, no existe nada relacionado con la cultura que sea público, o por lo menos no tal y como se entiende en cualquier país civilizado, es más, precisamente por eso existen cosas tan anacrónicas como el Instituto Europeo de Artes y Humanidades, que tiene tanto que ver con la EU como mi foto del DNI con Armenia. Que algo relacionado con la cultura en Europa dependa organizatívamente de una fundación no es porque en realidad sea privado, sino porque no hay otra forma de que algo dentro de la EU, como institución, que dependa de la EU, como institución, funcione de otra manera en relación a la cultura. Ejemplos hay muchos, comenzando por la European Film Academy, pasando por la EUYO y terminando con la European Academy of Sciences and Arts.

  Hasta aquí nada debería significar que las organizaciones culturales que dependen de la EU, aunque sean pseudo privadas, deban tener problemas presupuestarios, es más, cuando este sistema se impone se hace bajo la suposición de que jamás tendrán problemas... y sin embargo hoy los tienen, curiosamente casi todas las relacionadas con juventud. Tanto es así que los presupuestos de la EU ya no soportan directamente fundaciones culturales, sino "proyectos" determinados supuestamente culturales que, claro está, no tienen por qué estar impulsados por organizaciones culturales, es más, si en las bases de acceso a esa financiación se pusiera algo tan sencillo como "se financiarán proyectos impulsados por Fundaciones Culturales sin ánimo de lucro radicadas en cualquier país miembro" la inmensa mayoría de aquellos que sí han podido acceder a esos fondos no podrían hacerlo.

  ¿Por qué está ocurriendo todo esto? Habrá quien diga que es por los cacareados "necesarios" recortes leoninos que, en según qué aspectos presupuestarios -sobre todo aquellos que tienen que ver con la cultura y la juventud-, se vienen realizando desde hace unos años. La realidad tiene que ver con que se ha roto el Status Quo que permitía la pseudo inexistencia de empresas culturales públicas dependientes de la EU. Ya no se trata de "necesarios" recortes, se trata de la imposición de políticas neoliberales que eliminan, de facto, sectores determinados que, lejos de ser rentables económicamente, sí lo son en términos de rédito cultural y de formación de jóvenes dentro de ese mismo ámbito cultural.

  La cuestión que todo esto parece plantear es si la Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO) es necesaria, o no lo es. ¿Lo es la National Youth Orchestra of the United States of America (NYOUSA) que, por cierto, también es una fundación que depende de la Fundación para la Educación Musical con presupuesto dependiente de fondos federales -fondos públicos-?, ¿Lo es la National Youth Orchestra of Great Britain (NYOGB), que existe desde 1948 con presupuesto totalmente público?, ¿Lo es la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) con un presupuesto dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte?

  Aquí, si se me permite, quisiera dar mi opinión personal.

  Uno de los mayores problemas que tiene la EU con respecto a sus ciudadanos es la falta de una visión conjunta de Europa por parte de gentes que, por cierto, son muy diferentes incluso dentro de sus propios países. Una visión que, en la mayoría de las ocasiones, y por desgracia, parece quedar reducida a los grandes sueldos y dietas de aquellos que, supuestamente, trabajan para nosotros desde las instituciones europeas.
  Creo, sinceramente, que eliminar, o poner en peligro la existencia de cualquier tipo de institución que, entre otras cosas, busca aunar el sentimiento de pertenencia a un tronco común, como es el europeo, a través de la cultura, sobre todo a través de la cultura, me parece una equivocación de tal calado que, desde luego, si se consuma, como parece que así se quiere en septiembre, debería tener su coste político dentro de la responsabilidad que conlleva como atentado al sentimiento conjunto europeo, cada vez más vilipendiado y cada día menos cuidado.

  Espero, de verdad, que la Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO) logre continuar con el gran trabajo, gran trabajo que viene realizando desde hace ya 40 años y que, sin duda, redunda en el fortalecimiento de un sentimiento europeo conjunto a través de la cultura y, por supuesto, la música que tan necesario es hoy para todas las instituciones de la Unión Europea y, sobre todo, para la visión que todos los ciudadanos de la unión tenemos de los responsables políticos comunitarios.

  P.D.
  Y no, Don Mario Mora, aquí no se trata de que la EUYO se haya dormido en los laureles porque no tenga proyecto, sería de imbéciles decir que la Joven Orquesta de la Unión Europea no tiene proyecto que deba ser defendido dentro del ámbito cultural europeo, se trata de si queremos tener instituciones públicas europeas, y la EUYO debería ser tenida como una institución pública europea ya que nació con ese espíritu, que defiendan la cultura europea y la riqueza musical clásica europea desde la propia juventud de esta Europa que debería ser de todos, defendida por todos y, por supuesto, económicamente protegida y promocionada por todos y, por lo tanto, a través de los fondos de la EU.

  De vez en cuando -no ocurre mucho por la cuenta que les trae- nos encontramos con algún "pobre político" diciendo que las redes sociales son muy malas ellas.

  Suelen utilizar las más peregrinas cantinelas y, aunque las formas cambian, el fondo se resume en "¡Yo también soy humano, cabrones!", mientras sollozan acongojados y se tapan la cara con gesto dolido; pero a veces -oh, sí-, a veces te encuentras alguno diciendo eso de "¡Sus ponéis asín porque soy políticamente incorrecto, inquisidores!" -recordemos qué grandes ratos nos ha dado Toni Cantó, amigos-, ahí es donde hay que detenerse... y sonreír.

  Es lo que me ha ocurrido cuando he leído "Aviso a navegantes", de Doña Marta Rivera De la Cruz, diputada por Ciudadanos. Con sinceridad, les aconsejo leer su artículo, no tiene desperdicio.

  Según ella "cierta" izquierda -no pone "la" donde pone "cierta" no vaya a ser que el PSOE se mosquee- se ha arrogado el derecho a recriminar, criticar e incluso, no se lo pierdan, (¿)censurar(?) a aquellos que, cual luchadores frente a los tanques en la plaza de Tiananmén, enarbolan su disidencia de la corrección política que -ojocuidao- esa misma "cierta" izquierda marca como buena, o mala.

  Como ejemplo de ¿todo eso? usa lo de la foto de Don César Cadaval posando con un leopardo cazado -ojo, no tengo dudas sobre por qué no usa la del ciudadano Juan Carlos De Borbón con el elefante, pero eso es otro cantar-. Dejando a un lado que lo de la "disidencia de la corrección política" nada tenga que ver con la foto de marras, dice Doña Marta que la caza es legal y que, por lo tanto, poner a parir de un burro a Don César es malo. Antes de proseguir con el tema que nos ocupa me voy a permitir explicar a Doña Marta la diferencia que existe entre cerca, y lejos... no... espera... perdón... en qué estaría pensando yo... me refiero a la diferencia entre legal y moralmente deleznable.

  Verá, Doña Marta, yo cazo y pesco, pero jamás, repito, jamás he cazado, o pescado nada que no me fuera a comer, porque, aunque es legal, mi abuelo me enseñó que cazar, o pescar algo por el placer de matar, aparte de ser de asquerosos de mierda, es moralmente deleznable, por una simple razón, de matar animales por placer a matar personas por idem va un pelo... no sé si sabe cómo se reconoce a un psicópata precoz, señora diputada, y sino lo sabe búsquelo en un libro, que leer sí que no mató jamás mató a nadie, querida.

  Y lo anterior, desde luego, NO es vapulear al cazador, para nada, vapulear al cazador sería obligarlo a ponerse de cuclillas sobre un leopardo... vivo y panza arriba, a ver si hay huevos... después, Don César Cadaval (¡JA!).

  Dejando a un lado lo anterior, que, espero quede claro, nada tiene que ver con "disidencias de la corrección política", o disidencias de ningún tipo, dice Doña Marta Rivera De la Cruz que las críticas que se hicieron sobre lo que Don José Sacristán comentó en una entrevista en la revista de El Mundo "Papel", acerca de las maneras de Pablo Iglesias, fueron leoninas en las redes sociales... pues oiga, igual sí, es lo que tiene la libertad de expresión, que cada cual la ejerce como bien le viene en gana, Don José Sacristán y el resto de los seres humanos, es más, estoy bastante seguro que Don José Sacristán coincidiría conmigo.

  Y hablando de todo un poco, aunque no seré yo quien le enmiende la plana a Don José Sacristán, tampoco diré que sabe más el diablo por viejo que por diablo, porque si así fuera hoy no estaríamos sufriendo lo que nos dejaron por escrito en ese penoso tocho de mierda que llamamos Constitución gente como él. Y quisiera remitirme a aquella maravillosa frase que nos dijo Don Álvaro de Luna tomándonos un café en un Congreso del PSOE, "Hay que dinamitarla, se ha quedado corta y huele a viejo, pero no hay huevos"... ah, y antes de que me diga, Doña Marta Rivera De la Cruz, que gracias a ese tocho de mierda puedo expresarme como lo hago le diré que ese mismo tocho ha permitido que se apruebe una ley muy bien llamada ley mordaza -esa que ustedes junto al PSOE han firmado no derogar-, que un imbécil togado meta en la cárcel a unos titiriteros, que se excluya a gente del sistema sanitario público español y a niños del sistema educativo público español, por no hablar de la cantidad ingente de dinero de aquellos que pagamos impuestos que se ha ido a la sanidad y la educación privada, esa que, por cierto, ustedes, señores de Ciudadanos, defienden frente a los servicios públicos -aquí debería ponerle lo de defender quitar las tasas judiciales a las empresas, mientras que los currantes las tenemos que pagar, para que se le caiga la cara de vergüenza -cosa que dudo-, pero no toca-.

  Usted, Doña Marta Rivera De la Cruz, lo llama "matonismo"... pues lo siento, pero no; se llama libertad de expresión y su único límite es la dignidad de las personas, y digo bien, personas, no cargos públicos, empresas, instituciones, religiones, partidos políticos, NO, personas. Por ejemplo, Doña Marta Rivera De la Cruz, ciudadana española, tiene esa dignidad y no puede ni debe ser vulnerada bajo ningún concepto, su cargo de diputada electa NO la tiene, hágaselo mirar, porque si no le gusta ya sabe dónde tiene la puerta del Congreso, eh.

  Ah, y permítame decirle algo antes de terminar, Doña Marta Rivera De la Cruz, si le da canguelo que alguien la insulte como diputada, o haga "juicios éticos" por expresar aquello que piensa sobre lo que sea, se ha equivocado usted de profesión, bonita... y si, por un casual, encima, lo que está diciendo es que debería ponerse algún tipo de traba, ya sea jurídica, o de cualquier otro tipo a que se la insulte como política, o se hagan "juicios éticos" sobre aquello que dice...

  ... no me jodas, reina.

  Ayer escribió usted en El Español -dónde si no-, Don J.A. Montano, que nazionalista es quien se queja de que no se sabe pronunciar Puigdemont al tiempo que se pronuncia "Madrit"... ñeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeec... Verá, Don J.A. Montano, nazionalista es aquel que, ya sea desde "Madrit", Barna, Bilbo, o Calasparra, que tanto monta, monta tanto, dice "no soy nazionalista y (,) por lo tanto (,) no soy censor, ni inquisidor" (tenga en cuenta las comas, hombre de diox), para continuar con el consabido "peeero...", y estoy seguro que pillará el símil, aún siendo usted, porque es sencillo: "yo no soy racista..., peeero...", pero qué. Que no pasa nada, Don J.A. Montano, al fin y al cabo, siento decírselo, es usted tan nazionalista como Puigdemont.

  No hay cantidades, ni calidades en esto de ser nazionalista, dejémoslo claro, porque ¿Es más cateto papanatas aquel que desde "provincias" basándose en su cultura y lengua reivindica bandera y frontera propias, o lo es aquel que desde la capitalidad niega esa cultura, lengua y bandera propia de los "provincianos" con el consabido "yo la tengo más grande"? Pues si la cosa no ha cambiado, Don J.A. Montano, el "patriotismo" sigue siendo la virtud de los depravados, repito, ya sea desde "Madrit", Barna, Bilbo, o Calasparra. Aunque sí debería tener en cuenta, Don J.A. Montano, que los segundos catetos papanatas regaron con asesinados de un tiro en la nuca las cunetas de toda España, igual eso significa algo en ese extraño esquema que "patriotas" como usted se han hecho de lo que es España.

  Y aquí, yo, que sí que no corro peligro alguno de pasar como sospechoso de nazionalismo congénito, quisiera hacerle un inciso, Don J.A. Montano...

  Verá, para poder decir eso, que no se es sospechoso de nazionalismo congénito, hay que tener claro que un trapo es un trapo, sea del color que sea y sirva para secar la loza, o para ondear en el asta de una bandera, o la de un toro, que lo mismo da; hay que tener claro que lo único importante es la gente que no llega a final de mes, los niños que para no pasar hambre dependen de los comedores escolares públicos y los ancianos que rebuscan en contenedores de basura para poder sobrevivir con pensiones de mierda, ya sea en "Madrit", Barna, Bilbo, o Calasparra; y tener claro que todo eso ocurre porque dos desgraciados mamones, nazionalistas ambos, uno en "provincias" y otro en "la capitalidad", se niegan a gobernar para la mayoría de la ciudadanía, porque prefieren hacerlo para gente que mora en oscuros consejos de administración que les abren cuentas en Suiza, Panamá y la madre que los parió mientras denigran personas y roban el futuro de nuestros hijos y nietos.

  Esta es una verdad inapelable, de esas como puños a la que le importa bien poco si se sabe pronunciar Puigdemont, o se pronuncia "Madrit", porque esa gilipuertés tiene tanta relevancia como el color de los trapos, las lenguas en las que se recita el Quijote, o el idioma en el que se escriba la palabra imbécil.

  Una vez dicho lo anterior me gustaría que entienda hasta que punto es risible que usted, ejerciendo de "patriota" y, por lo tanto (¿Ve las comas?), de depravado, llame fascista a alguien... ojo, que no niego que lo sea -todo sea dicho de paso-, un nazionalista no deja de ser un fascista en ciernes, pero no crea que, por hacerlo desde la capitalidad, a usted se le cae la misma etiqueta, eh.

  No engaña a nadie, Don J.A. Montano.

  Antes de comenzar esta reseña de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia, quisiera dar una vuelta por el pasado, porque sin conocer ese pasado es imposible entender este presente.

  Verán, hubo un tiempo en el que sólo existía Superman -sí, Superman sin tilde, mariconadas las justas-. En esa época, lejana, inconexa y penosa de la existencia de la humanidad, el hombre de acero se limitaba a pillar malos que querían robar bancos, o bolsos de abnegadas matronas que paseaban de la mano con bonitas niñas de mejillas arreboladas vestidas con trajitos blancos de volantes y luciendo rubios tirabuzones, como debe ser, y, por supuesto, a hacer propaganda del sistema de vida norteamericano, ese que era tan maravilloso y que todos conocemos por... porque nos lo contaban en películas en las que las diligencias disparaban contra los indios -entonces todavía no eran indígenas americanos, eran malditos pieles rojas, o asquerosos apaches-, y los detectives con sombrero de ala y traje cortado a medida repartían estopa a maleantes que, por cierto, conocían de chiquititos -todo muy de barrio-, y daban guantás a las meretrices, Gilda incluida, eso sí, entre chascarrillos con gracejo barriobajero, aliento a wisky en el desayuno y pitillo bien apalancao en el lateral del labio, que era lo macho de entonces.

  Bien mirado muy pocos repararon en aquel extraño personaje que aguantaba un coche muy años cuarenta por encima de su cabeza, calzaba leotardos azules y llevaba una capita que hondeaba al viento junto a un mechón rebelde de pelo engominado... ah, y que con ponerse unas gafas ya nadie reconocía, que eso también tenía su mérito, eh.

  Qué quieren que les diga, no eran tiempos para mucha épica, fuera de aquel Marion Robert Morrison, que movía las caderas a los lados de aquel culo escuchimizado al ritmo de sus colt, mientras su rifle ladraba desde lo alto de una dirigencia contra los "malditos" indios y él, macho, machote, se llevaba tostá a la muchacha. Fue el personaje precursor de aquellos que, en España e hispanoamérica, de un tiro mataba cinco y al quinto Marcial Lafuente Estefanía lo resucitaba en la penúltima página para matarlo de nuevo... puede que con la misma bala, ojo.

  Poco a poco a aquel Superman nacido en 1938, héroe de leotardo, calzoncillo ramplón y capita que sacaba pecho en una serie en blanco y negro en la tele de los años 50 -seis temporadas, a partir de la tercera en color y todo, y ciento cuatro episodios, ahí es nada-, se le fueron arrimando otros en la misma editorial, DC (Detective Comics), comenzando por Batman en 1939, que también consiguió serie en 1966 -háganme caso, nada que ver con el Batman Begins de Christopher Nolan, yo lo advierto, eh-, Flash en enero de 1940, Linterna Verde en julio y, por supuesto, Wonder Woman en diciembre de 1941. Hubo más, claro, y a casi nadie se le escapó con el tiempo que aquello tenía toda la pinta de aspirar a convertirse en un panteón, al pobre Flash incluso lo vistieron de Mercurio, vamos, una pinta de panoli que tiraba pa'trás. Al fin y al cabo, qué es Superman sino un dios bajado a la tierra, cómo no rodearlo de dioses menores.

  Entre 1940 y, pongamos por ejemplo, el año 2005, 65 años, el mundo cambió de forma casi irreal -no lo digo yo, lo dice mi madre, que lo ha vivido, eh-, y aquel personaje que levantaba un coche sobre su cabeza en leotardos y calzoncillos, que protagonizaba una serie en blanco y negro en los 50 patrocinada por Kellogg's, pasó a ser el protagonista de cosas como Lex Luthor de Brian Azzarello y Lee Bermejo, algo a lo que, estoy seguro, hoy Kellogg's no se acercaría ni de coña.

  Hay un antes y un después más que evidente para el panteon DC tras el 11S, aunque es mucho más claro en el cine, no porque en el cómic sea menos visible, al contrario, lo es más, pero las pelis las ve público más heterogéneo. Hay un Batman-Burton/Schumacher que muere en 1996 -maldita la pena-, para empezar porque ese Batman parece vivir al margen del cómic y Frank Miller, Klaus Jonson y Lynn Varley lo asesinan bien asesinado en el Regreso del Señor de la Noche, precisamente en 1996, y luego hay un Batman-Christopher Nolan.

  DC lleva tiempo en ese camino, pero tras el 11S es mucho más evidente. Mientras que otras empresas, pongamos que hablo de Marvel, siguen un camino que las lleva a Disney, DC deja de hacer comics para niños y jovencitos y se dedica al ARTE, sí, sí, al ARTE con mayúsculas, porque la épica ES arte, porque el CÓMIC con mayúsculas ES arte y porque lo mejor de lo mejor en el mundillo se da de bofetadas para poder jugar en su liga, una liga donde se publica Superman: Hijo Rojo, All Star Superman, Joker, o Pingüino, Dolor y Prejuicio, una liga en la que no sólo hay que saber dibujar, también hay que saber contar cosas que hagan pensar a quien las lee y, cómo no, que le pongan los pelos como escarpias... o vete a la competencia.

  Ojo, no quiero ser cruel, llevo el tiempo suficiente leyendo comics como para poder decir sin vergüenza de ningún tipo que Marvel ha hecho cosas muy, pero muy decentes, aunque nada a la altura de este DC de hoy día... bueno, con la boca chiquitita, tal vez, y digo sólo tal vez, Lobezno - Origen y Daredevil - Born Again, repito, con la boca chiquitita, reservas, dolor de muelas y mirando para otro lado.

  Una vez dicho todo lo anterior -si se le ha hecho largo tal vez deba dejarlo ahora-, es necesario que hagamos una pequeña parada en la trilogía de The Dark Knight Rises y en Man of Steel como puentes para llegar a la reseña de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia.

  Tenemos que tener claro que, aunque esas películas hacen incapié en el origen de los protagonistas, Bruce Wayne y Kar-El, y en lo que los impulsa y motiva que, por cierto, no puede ser más diferente, las dos películas son muy distintas, cosa que, por otra parte, es lógico si tenemos en cuenta que un personaje es un justiciero rico que, en la segunda película de la trilogía, no duda en utilizar uno de los métodos más fascistas de vigilancia -método que, por cierto, hoy día usan todos los gobiernos del orbe con la misma excusa que Batman, la seguridad-, y el otro es un semidios que, gracias a ser criado por humanos en una granja, hogar de los principios más hermosos, simples y puros de la sociedad estadounidense -hurra-, se convierte no sólo en protector de la raza humana, sino también en ejemplo para aquellos que buscan superar sus limitaciones y trascender su propia humanidad... amén.

  Hay una diferencia abismal entre un ser cuasi omnipotente con unas motivaciones divinas muy claras y un neonazi convencido de que la venganza alimenta el alma y la justicia es un fin que merece todos los medios a su alcance... la cuestión no es que ambos existan en el mismo planeta, la cuestión es en qué momento ambas fuerzas paralelas que se miran de reojo entre Metrópolis y Gotham chocarán, y aquí Snyder lo borda de forma sublime, porque ni siquiera el por qué chocan esas dos fuerzas es baladí en Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia.

  Me consta, sé, tengo claro que muy pocos neoyorquinos, en particular, y estadounidenses, en general, han visto las primeras imágenes de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia sin atragantarse por razones obvias. Se sabe por qué estamos viendo cómo virtualmente se destruye Metrópolis y aunque sabemos por qué los edificios se derrumban sobre las personas y las nubes de polvo cubren a todo el mundo no vemos a Superman luchando con el general Zod, no es necesario, no hace falta, es más, no es importante en el contexto en el que estamos viendo esa destrucción, lo importante es lo otro, lo que ocurre a pie de calle. Ahí Snyder nos muestra a un Bruce Wayne que habíamos olvidado tras verlo frente al asesino de sus padres en un callejón oscuro, un Bruce Wayne que, a pesar de tener como alter ego al caballero oscuro, no es más que un ser humano más que, de nuevo, asiste impotente, como sus congéneres, a lo que ocurre a su alrededor.

  Una vez dicho lo anterior, que poco ya es mucho, voy a abstenerme de hacer más spoiler, aunque ganas no me faltan. Eso sí, permítanme hacer una apreciación un poquitín filosófica sobre el argumento antes de acabar.

  No sé si habran dado cuenta de que, frente a lo que dijo Charles Roven al comentar que hay una razón para que en el título de la película sea Batman v Superman -según él porque en realidad no es tan Batman contra Superman-, yo he usado vs. en todo el artículo y lo he hecho con toda mi mala leche. Más que Batman v Superman en esta película asistimos a la visión de la justicia de Batman vs. la visión de la justicia de Superman. No voy a llamar nazi de nuevo a Batman, no hace falta, y tampoco llamaré mojigato de nuevo a Superman, es irrelevante, la cuestión es que cuando esas dos visiones, sesgadas y por momentos penosas de la justicia, se ven obligadas a trabajar juntas muestran algo de cordura, tal vez a una le falte la altura de miras de la otra y a la otra lo terrenal de la primera y es en el término medio donde se encuentran y chocan para complementarse... tal vez.

  Para terminar quisiera hacer un comentario sobre las críticas que vengo leyendo desde el día del estreno de la película.

  Primero, es cierto, Batman vs. Superman: El amanecer de la Justicia NO es la trilogía anterior de Batman y TAMPOCO es El Hombre de Acero, es más, aunque sea cierto que no llega a la introspección argumental de estas, que no llega, maldita la falta que le hace. Batman vs. Superman: El amanecer de la Justicia, tanto visual como argumentalmente, es pura épica, de la buena, de esa que te pone los pelos del cogote tiesos, y diré más, los diez primeros minutos de esta película, o la escena de un Batman en medio del desierto peleando contra fanáticos, o esa Wonder Woman... no me hagan hablar... vapulean a cualquier película de Marvel de principio a fin, ojo, y cuando digo cualquiera es cualquiera.

  Segundo, es verdad, esta película NO está dirigida al público tierno, ese de boca blanda que va al cine para reírse de los chascarrillos de Peter Quill en Guardianes de la Galaxia, NO, esta película está dirigida a ese público bragado y con cicatrices que babea con Watchmen porque sabe de qué habla el Comediante cuando dice reprimiendo a los manifestantes que ya han conseguido el sueño americano, capaz de disfrutar de un Lex Luthor muy pasado de rosca que ya hubiera querido Kevin Spacey y de un Anatoli Knyazev que hace llorar a las cebollas -sino sabes quién es Anatoli Knyazev es precisamente a eso a lo que me estoy refiriendo con lo de la boca blanda-. Esta película es para sibaritas, gente dispuesta a disfrutar del exceso de sal del caviar sobre pan tostado con nata agria y un buen lingotazo de vodka detrás mientras disfruta del olor del queroseno por las mañanas, aunque, si lo tuyo es el McDonald, no lo dudes, vete a la próxima de Patrulla X -ojo, tampoco tiene nada de malo, yo iré, pero no le voy a pedir langosta a la orilla del Mekong mientras los colegas hacen surf en medio de explosiones de mortero, eh-.

  Tercero, entiendo que haya críticos de cine que no vean con buenos ojos que se haga una película seria de superhéroes, es normal, están acostumbrados a Ant-Man y a que Hulk le dé estopa a Thor en medio de una lucha titánica contra invasores de otro universo, pero si el tema que se trata es la visión de la justicia, esa que nos lleva a tener en nuestra legislación internacional el derecho de asilo, pero que nos pasamos por los bajos para enviar a aquellos que son refugiados por derecho de vuelta a sus guerras porque, oye, es que molestan en medio del barro de Macedonia; si lo que les molesta es que alguien haga una película de superhéroes donde el espectador pague la butaca por pensar, bueno, tal vez sea que para la crítica tenemos que ver el tema en medio de un chascarrillo de Loki mientras alguna asgardiana bien entrada en carnes lucha a implante mamario partido con un kree y a la mierda con qué coño es un kree... y eso debe ocurrir porque somos imbéciles, o porque Disney no hace así las cosas, ¿Verdad? Hay que ser muy estúpido para criticar que se trate un tema serio de forma seria porque resulta que el contexto en el que se trata es una película de superhéroes, que se lo digan a Peisandros de Rodas -usa el Google, querido crítico-.

  Voy a dejar a un lado que la película rompiera el record de recaudación en preestreno de Fast and Furious 7 -15.8 millones-, con nada menos que 27.7 millones de dólares, y que consiguiera en su primer fin de semana más de 400 millones de dólares de recaudación, y lo voy a dejar porque a ver si va a resultar que el público no es tan imbécil como la crítica pretende.

  No tengo más nada que decir al respecto. Si duda en ir a verla haga memoria, si disfrutó con la trilogía de Batman y con El Hombre de Acero esta le gustará. Eso sí, no lleve a los niños, no la van a entender, para eso siempre puede llevarlos a ver Deadpool -ja, no se le vaya a ocurrir, que es broma... o no, eh-.

Larga vida y prosperidad.