La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

20061015

Masada - (73 a.C.-73 d.C.)




Masada (73 a.C.-73 d.C.)

  La pregunta lógica ahora mismo sería "¿Por qué comenzar por el año 73 a.C. si se supone que hablamos de los orígenes del cristianismo, y por qué Masada?". Bueno, resulta que en el año 73 a.C. nace un personaje histórico que marcará casi por completo el primer siglo de esa nueva Era que hoy día llamamos cristiana, incluso después de haber muerto, y no, no me estoy refiriendo al supuesto Jesús de Nazaret. A este personaje se le debe el nacimiento del nacionalismo hebreo que ha llegado hasta el día de hoy -hay quien dice que por acción, otros que por omisión-, testigo directo de la conversión de la Roma Republicana en Roma Imperial y la catarsis que supone para el mundo mediterráneo, es uno de los personajes fundamentales del Nuevo Testamento, tanto que no parece haber duda en cuanto a que es utilizado como metáfora en el Apocalipsis y, por supuesto, también es responsable de la Masada que la X Legión romana se encuentra en el año 73 d.C., cuya toma por parte de los romanos marca el fin real de la I Guerra Judía. Este bastión, Masada, es, por derecho propio, el culmen de una guerra que, sin lugar a dudas, es reflejada en la metáfora evangélica. Todo ello sin olvidar que es una fortaleza, sí, pero también fue Residencia Real y como obra arquitectónica no deja de ser fiel reflejo de quien la convirtió en un fortín espectacular y desmesurado, casi tanto como lo fue su artífice, fortaleza que hoy día es el símbolo nacionalista por antonomasia del pueblo hebreo... aunque no fuera el pueblo hebreo quien lo convirtió en símbolo, sino los propios romanos que la tomaron, pero de eso hablaremos más tarde. Comencemos por ese personaje...

Herodes I, el Grande

  Herodes I, el Grande, nace en Ascalón, 73 a.C., y muere en Jerusalén, 4 a.C. - sí, sí, no han leído mal, muere en el año 4 a.C.-. Era hijo de Antípatro que, primero, fue gobernador idumeo y, porteriormente, aunque Hircano II es el Rey, se convierte en verdadero jefe de gobierno en Judea a las órdenes de los romanos. Herodes es un hombre educado en el pensamiento y la cosmogonía griega, por eso hay historiadores que lo califican de rey extranjero que gobierna Judea en nombre de los romanos - los propios judíos de su época no lo consideraban judio a causa de su origen idumeo-. En el año 47 a.C., junto a su hermano Fasael, a los dos años del envenamiento de Antípatro, es nombrado etnarca por Marco Antonio. En el año 40, habiendo demostrado su valía ante los romanos, consigue su apoyo para derrocar a los asmoneos y es nombrado, por fin, Rey de Judea.
  No nos debemos dejar engañar por su educación en el pensamiento y la cosmogonía griega, también es un hombre versado en las fintas políticas de la época que, claro está, nada tenían que ver con las de hoy día. Para reafirmarse como Rey de Judea no duda, año 38 a.C., en casarse con Mariamna, nieta de Aristóbulo II, de la estirpe asmonea. Un año después consigue que Antígono II, hijo del propio Aristóbulo, fuera degollado. Su matrimonio con la nieta de Aristóbulo y el asesinato de su heredero aseguran su puesto en el trono por eliminación del aspirante directo a arrebatárselo. Hizo ejecutar a toda la familia real asmonea derrocada además del abuelo y el hermano de su propia mujer, ajusticiando a esta en el 29 a.C., un año más tarde hizo lo propio con su suegra, ajustició a tres de sus propios hijos, los dos primeros por consejo del tercero, y al tercero porque intenta envenenarlo… pero tenemos que entender todo esto como actos políticos encaminados a asegurarse el poder, no muy diferentes a los que se producen en la Roma republicana y, posteriormente, en la imperial. Nada de lo anterior niega su valía como gobernante. Continua con la reconstrucción del Templo de Jerusalem y funda Cesarea en honor a Augusto, impulsa la economía y el comercio abriendo nuevas rutas comerciales por mar y tierra, en el año 25 a.C. se produce una gran hambruna en Judea y no duda en intercambiar gran parte de su riqueza personal para comprar trigo en Egipto y alimentar al pueblo. Lo cierto es que gobierna con eficacia y acierto.

  Si es así, si con la Historia en la mano resulta que Herodes reina con eficacia y acierto, ¿Por qué dentro del consciente colectivo ha pasado a ser un viejo pervertido, desalmado, avinagrado y déspota al que se le atribuye el asesinato de niños inocentes por una supuesta profecía cuando llevaba cuatro años muerto en el año 0?

  En principio hemos de tener en cuenta que como Rey no caía bien a su propio pueblo, lo veían como un foráneo que, para colmo de males, tenía muy buen trato con los invasores romanos que lo encumbraron a la corona. Esto explica por qué existe una buena cantidad de historias totalmente inverosímiles sobre su reinado y su persona y también explica cómo es posible que algunas de esas historias aparezcan en los evangelios, puede que la más risible sea la matanza de los inocentes. Pero vayamos por partes...
  Si miramos el evangelio según Mateo resulta que el supuesto Jesús de Nazaret nace dos años antes de la muerte de Herodes I, si es a Lucas Jesús nace nueve años antes de su muerte... ¿Por qué este baile de fechas? Es sencillo, en el momento en que se escriben los evangelios, más de ciento cincuenta (150) años después de la muerte del supuesto Jesús de Nazaret, aquellos que los escriben, primero, no eran judíos, eran griegos que, es evidente, no tienen muy claro cuando muere, o quien fue Herodes I por razones obvias, y segundo, el punto de partida que da base a sus escritos y al total del mito evangélico es la profecía del antiguo testamento, Miqueas 5: 2, en la que se dice que el supuesto mesías nacerá en Belén, es más, en el evangelio de Juan se dice, con toda claridad, que sus seguidores estaban sorprendidos de que no naciera en Belén, mientras unos dicen "Este es Cristo", y dejaremos aparte que el uso del vocablo griego es también muy posterior para designar al supuesto mesías, otros responden "¿Acaso el Cristo va a proceder de Galilea? ¿No dijo la escritura que el Cristo procederá del linaje de David, y de Belén, la aldea de David?" -Eusebio de Cesarea fue un acérrimo denostador de la inclusión del evangelio de Juan entre los evangelios que salen como los únicos verdaderos de Nicea y a la vista está el por qué-. Sin embargo, Mateo y Lucas solucionan el problema de forma diferente, el primero sitúa a María y a José en Belén todo el tiempo, trasladándolos a Nazaret mucho tiempo después del nacimiento de Jesús, al volver de Egipto tras escapar de Herodes I y la matanza de los inocentes. Lucas es más específico, dice que siendo Cirenio (Quirino) gobernador de Siria, César Augusto decreta un censo para recaudar impuestos, "cada uno en su propia ciudad", así que José, al ser "de la casa y el linaje de David" no le queda otra que ir a la ciudad de David, que se llama Belén. Quien escribe el evangelio de Lucas usa una solución más creativa que el autor del de Mateo, pero igual de risible, para empezar porque dicho censo es un censo de bienes, y José no tiene sus bienes en Belén, para colmo dicho censo se realiza en el año 6 d.C., y es más gracioso aún que el propio Flavio Josefo hable de que el censo supone una revuelta armada cuyos cabecillas son Sadoc y Judas, el Galileo -aquí se hace evidente que Eusebio de Cesarea no lee por completo los escritos de Josefo o, por lo menos, no lo hace prestando la suficiente atención, porque sino, además de incluir entre ellos el mal llamado Testimonio Flaviano, habría matizado los nombres de los cabecillas de la revuelta-. También es necesario mencionar que en el momento en que se hace dicho censo de bienes acaba de ser depuesto Herodes Arquelao, que reina en Judea desde el año 4 a.C., Judea es anexionada como provincia Siria y, por lo tanto, no tiene Rey alguno, otra prueba de que quienes escriben los evangelios no saben demasiado de historia judía.

  Una vez dicho esto y desde el punto de vista histórico, es necesario descartar, sin ningún género de duda, que la supuesta matanza de los inocentes tuviera lugar y aún menos que Herodes I o cualquier otro Herodes la perpetrara, no sólo porque no exista prueba histórica alguna del hecho que, es evidente, parece lo suficientemente grave como para haber dejado alguna prueba, reseña, comentario, ¿Línea escrita?, en alguna parte por algún autor de la época, si no que las propias evidencias históricas desmienten. Eso sí, es muy significativo reseñar cómo una figura histórica de la talla de Herodes I ha sido convertido en lo que no fue, no es el único, por casi dos milenios de manipulación histórica a fin de dar pábulo al mito evangélico.

La Masada de Herodes

  La Masada original es muy anterior a Herodes y mucho más modesta, puede que construida por Alejandro Yanneo, monarca asmoneo -las excavaciones arqueológicas en la Masada han sacado a la luz varias monedas de su reinado, aunque no podemos estar del todo seguros porque, entre el reinado de Alejandro Yanneo y el de Herodes I, el Grande, no pasa tanto tiempo como para que, en tiempos del segundo, no se utilizaran todavía monedas acuñadas por el primero-. Herodes la utiliza por primera vez como refugio para su familia en el 40 a.C., fue el año en que Hircano II es depuesto por su sobrino Antígono con ayuda de los partos. Herodes huye a Roma donde recaba el apoyo de Marco Antonio y Octavio -si alguien ha visto la serie Roma es posible que recuerde el episodio en el que Herodes se reune con ambos mientras los judíos que viven allí planean asesinarlo durante su estancia-.
  En su periplo en Roma su familia está sitiada en la Masada. Hay un momento determinado en el que llega a peligrar su vida por la sed, salvándose de la muerte gracias a la lluvia. Este hecho es, con toda probabilidad, la razón que impulsa a Herodes, cuando vuelve de Roma y rescata a su familia, a ampliar las cisternas de la fortaleza, tanto en número como en capacidad - es en ese momento cuando comienza la reforma de la Masada, 35 a.C., que daría como resultado la fortaleza que la X Legión se encuentra en el 73 d.C.-, también construye un palacio al Oeste de la meseta, tres pequeños palacetes, un edificio administrativo que, a su vez, hace de almacén, barracones militares, torres defensivas y, aunque parezca increíble, una gran piscina al Sur de la meseta.
  En el momento en que la República romana inicia su, llamémoslo así, accidentado tránsito hacia el Imperio romano, Herodes vuelve a utilizar la Masada como refugio para su familia. Deja allí a su madre, Cypros, a su hermana Salomé y a sus hijos al cuidado de su hermano Feroras. A su mujer Mariamme y a su suegra las deja en la fortaleza de Alejandría - este hecho, no mezclar a la parte de la familia que más estima con el resto de familiares, que lo son por cuestiones de Estado o políticas, dice mucho de las razones de Herodes para casarse con una asmonea-. Aquí vemos de nuevo al Herodes estadista. Después de dejar a su familia bajo la protección de Masada, se dirige a Rodas, plantándose ante Octavio, que acaba de vencer a Marco Antonio anexionándose Egipto como provincia romana. Octavio no sólo lo confirma como Rey de Judea, sino que, además, amplía su territorio.
  A partir de ese momento Herodes comienza un gran programa de construcciones, ciudades enteras, puertos, palacios y fortalezas que cambian toda Judea. Masada también entra en el programa. Entre el 26 y el 22 a.C. se levanta la que sería una de las construcciones más increíbles dentro de la fortaleza, un palacio al Norte de la meseta con tres terrazas que parecen flotar sobre las paredes cuasi verticales, baños, amplía el palacio occidental, agranda los almacenes y, aunque ya había ampliado las cisternas de la fortaleza en el año 35 a.C., hace construir otras en la ladera de la montaña con capacidad para más de 40.000 metros cúbicos de agua que cuentan con un ingenioso sistema que recoge el agua de la lluvia que discurre por los empinados barrancos (wadis), desviada por tuberías y acueductos. Esta cantidad de agua asegura no sólo que nadie pase sed, sino también poder llenar piscinas, baños, regar jardines e incluso cultivar. Herodes convierte a Masada en una fortaleza autosuficiente, pero también la quiere inexpugnable. En el 15 a.C. se levanta la muralla que rodearía todo el perímetro de la meseta. No es una muralla maciza, sino de casamatas, es decir, dos muros paralelos con divisiones comunicadas - 1.400 metros de largo y cuatro metros de ancho-. Herodes piensa que la muralla maciza no es necesaria, ya que cree que no existe posibilidad de ataques con maquinaria de guerra... el tiempo le quitaría la razón.

  Esta es la Masada que se encuentra la X Legión 88 años después, una fortaleza autosuficiente, capaz de resistir un asedio durante mucho, mucho, mucho tiempo y que no precisa de una cantidad excesiva de defensores.

Judea (4 a.C. - 73 d.C)

  Es imposible entender la toma de la Masada y lo que significa sin saber cuál es el contexto histórico en el que ocurre, tanto en el lado judío como en el romano. Ese contexto no es otro que el de la I Guerra Judía.
  Este periodo de tiempo, la I Guerra Judía, es tan importante que a poco que se preste atención reconoceremos nombres, situaciones, lugares y contextos que vemos reflejados de forma metafórica en los evangelios.

  Cuando se habla de Masada lo usual es que nos encontremos un relato del hecho histórico del asalto a la fortaleza, generalmente basado en la visión de Flavio Josefo -de él y su "relato" hablaremos luego-, pero no solemos encontrar explicación alguna sobre qué produce y cómo se desarrolla la Primera Guerra Judía que culmina, precisamente, con la toma de la Masada.

  Puede que la pregunta más interesante aquí sea cómo es posible que, a la muerte de Herodes I, el Grande, Judea sea uno de los protectorados romanos que más proyección de futuro tenga en el Imperio, que más está creciendo y modernizándose, y en pocas décadas la situación degenere en un conflicto bélico abierto que concluye con la toma de Masada.
  Tenemos que tener en cuenta que la estabilidad del reinado de Herodes desaparece con él. Fue un soberano que no dudó en emplear la mano más dura por el camino más árido para mantenerla y, teniendo en cuenta que, a su muerte, y en muy poco tiempo, la situación se degrada de tal forma que los forajidos y bandidos parecen salir hasta de debajo de las piedras, no sería muy descabellado afirmar que tenía toda la razón para hacerlo. Sin embargo, lo que de verdad convierte la situación en todo un desastre es la larga lista de torpes, incompetentes, corruptos y crueles sucesivos procuradores romanos de Judea. Tanto es así que los propios romanos no hacen mucha referencia a ellos... incluido Poncio Pilatos, claro.

  Poncio Pilatos fue el quinto prefecto de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36 d.C. y es necesario hacer una aclaración con él no sólo porque es una de las figuras claves reseñadas en los evangelios, también y sobre todo porque es de las pocas excepciones con respecto a los prefectos de Judea en los anales romanos, y lo es a causa de la dura represión de una sublevación de samaritanos, entendiendo que de samaritanos, tal y como nosotros contemplamos el concepto, tenían bien poco. Curiosamente dicha represión sí incluyó la crucifixión. En los anales romanos queda constancia de él por eso, pero por absolutamente más nada, ni siquiera sabemos si estaba casado, o qué fue de él una vez dejó de ser procurador de Judea. Dejaremos a un lado lo de que su esposa se llamaba Claudia Procula, de la que tampoco hay constancia en ninguna parte, y que, junto a él, fue canonizada como santa por la Iglesia ortodoxa etíope. Es de reseñar que Flavio Josefo lo nombra en Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo III, sección 1 y Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo III, sección 2; La Guerra de los Judíos, libro II, capítulo IX, sección 4, en relación a dos hechos concretos y a su destitución precisamente a raíz de la crueldad en la represión del levantamiento de los samaritanos.
  Merece mención aparte el artículo que hace la propia Wikipedia sobre el personaje -no sé quien escribió el artículo, dudo que ni siquiera quien lo escribió sepa cómo se llama-, en donde se hace referencia a unas supuestas actas de Poncio Pilatos en relación al ajusticiamiento del supuesto Jesús de Nazaret, o al texto atribuido al historiador Tácito, en el primer caso porque sabemos a ciencia cierta que dichas actas no existieron, existen, o existirán y, en el segundo caso, porque dicho pasaje atribuido al historiador Tácito es sacado de no se sabe dónde 1.500 años después de haber sido supuestamente escrito.

  El procurador romano que colmó el vaso tiene nombre y apellido, Gestio Floro, procurador romano en el 66 d.C. Fue tan inmensamente idiota que no se le ocurrió otra cosa que incautarse del dinero del Templo. Esto provocó los primeros incidentes violentos que comenzaron la Primera Guerra Judía. Y nadie de duda de su estupidez porque, a raíz de dicha incautación, el partido sacerdotal-aristocrático-revolucionario, cuyo líder es Eleazar, hijo del sumo sacerdote Ananías, no duda en suspender el sacrificio diario como ofrenda al Emperador y a Roma, y, para que no quede duda de lo que significa, él y sus seguidores asaltan y asesinan la guarnición romana que Floro deja en Jerusalem antes de abandonarla a toda prisa.
  Pero no pensemos, ni por un momento, que el partido sacerdotal-aristocrático-revolucionario era el único en liza, o el que más miedo daba. Los que de verdad daban miedo era el grupo de los sicarios, que no tenían ese nombre por vender sus habilidades, si no por la sicca, un puñal que llevaban debajo de los ropajes y con el que asesinaban indiscriminadamente en las aglomeraciones. Su líder era Menahem.
  Los sicarios aprovechan para atacar a los judíos aristocráticos, robando en sus casas y asesinando a la mayoría. El partido sacerdotal-aristocrático-revolucionario se acuartela en el Templo, ataca a los sicarios y matan a Menahem. El resto de los sicarios supervivientes, unos doscientos, se retiran, precisamente, a Masada, ocupándola tras tomar por sorpresa a la pequeña guarnición romana. Durante el resto de la contienda permacen allí, sin intervenir en ella.
  Mientras, la guerra se convirte en un todos contra todos, paganos contra judíos, judíos contra samaritanos, samaritanos contra paganos, y todos contra Roma. Para colmo de males el Gobernador romano de Siria se desplaza a Judea para intentar imponer el orden. Lo cierto es que el Gobernador de Siria no tiene ni la más mínima experiencia en revueltas, así que no tarda en ser derrotado dejando tras de si casi todo su equipamiento militar que, claro está, todas las facciones se reparten utilizándolo en su provecho.
  Lo que queda del partido sacerdotal-aristocrático-revolucionario intenta preparar al país para la guerra y, de paso, hacerse con el control. Para ello envía a un joven prometedor y entregado a la causa hebrea, Yosef ben Matatiahu, designado por el Sanedrín de Jerusalén como comandante en jefe de Galilea, para organizar su administración y defensa...

  Yosef ben Matatiahu no es otro que Flavio Josefo, nombre que consigue al ser liberado en el año 69 d.C.
  Nació alrededor del año 37 d.C, en el seno de una familia sacerdotal de Judea ligada a la monarquía de los asmoneos. Su nombre originario era Yosef bar Mattityahu, o Yossef ben Matityahou, es decir, José, hijo de Matías, aunque cuando el emperador Vespasiano hizo de él un ciudadano romano lo latinizó asociándolo a la familia del bienhechor que lo liberó tras hacerle prisionero, como Titus Flavius Iosephus. En los siglos XVI y XVIII se impuso la modalidad ortográfica de «Josefo» para distinguirlo de los santos llamados José, aunque los ingleses lo citan por su nombre latino «Josephus».
  Ya desde pequeño se caracterizó por su buena memoria y su facilidad de aprendizaje, lo que le permitió desarrollar sus dotes intelectuales. En el año 64 se trasladaría a Roma para conseguir de Nerón la liberación de algunos sacerdotes judíos amigos suyos capturados durante las revueltas judías contra los romanos, causa por la que es procesado y encarcelado. Sin embargo, pronto es liberado gracias al apoyo de Popea Sabina, esposa del emperador volviendo a Judea y siendo recibido como un héroe. Es por ello por lo que es designado por el Sanedrín de Jerusalén como comandante en jefe de Galilea.

  ... El joven Flavio Josefo obtiene respuestas bastante confusas por parte de las ciudades de Galilea. Séforis se posiciona al lado de Roma, Tiberíades está dividida, otras cambian de bando de un momento para otro y, en medio de todo esto, en otoño del 67 d.C. llega un gran ejército romano a las órdenes de Vespasiano con el mandato del Emperador Nerón de acabar con el conflicto.
  Lo primero que hace Vespasiano es pacificar Galilea. Y lo hace al más puro estilo romano; toque de queda, prohibición de reunión y ajusticiamiento de cabecillas. En verano del 68 d.C. sólo Jerusalem y algunas fortalezas, entre ellas Masada, siguen en manos de los rebeldes. Ese mismo verano muere Nerón. Con su muerte también muere el mandato imperial, así que Vespasiano paraliza las acciones militares. No será hasta la primavera del 70 d.C. cuando, ya como Emperador, vuelve a prestar atención al conflicto judío.
  Aunque parezca increíble, los rebeldes, lejos de aprovechar esos dos años en avituallarse, crear posiciones fortificadas, etc, etc, emplean ese tiempo en... ¡Seguir peleando entre si!
  El partido sacerdotal-aristocrático-revolucionario comienza a exigir más oro para el Templo a fin de financiar sus aspiraciones militares, ¿Sobre quién recae el tener que aportar más? Pues sobre los compesinos, lo que da a lugar a la radicalización de los zelotas, apoyados por los idumeos. Saqueos, asesinatos, luchas intestinas, un verdadero desastre en pérdidas humanas y equipamiento militar. La aparición de los zelotas galileos Juan de Giscala y de Simón bar Giorá en Jerusalem con una gran tropa formada por esclavos liberados no mejora la situación. Fue tal la tensión entre los diferentes grupos que llegaron a incendiar los almacenes de víveres de los adversarios y los de la propia ciudad de Jerusalem.

  Sabemos que antes del comienzo del asedio de Jerusalem, abril del 70 d.C., uno de los grupos zelotas, comandado por Eleazar ben Yair, huye o es expulsado de la ciudad -no pueden ser más de doscientos ya que logran pasar entre las líneas romanas que, desde comienzos de la primavera van cerrando el cerco a la ciudad, y tuvieron que salir de ella antes de abril porque a partir de ese mes no hubo la más mínima oportunidad de que sus ocupantes pudieran hacerlo-. No son unos angelitos y, desde luego, tampoco unos patriotas, por mucho que así nos lo hayan vendido. En su camino hacia Masada saquean y reducen a cenizas la pacífica Ein-Guedi -asesinaron entre 250 y 300 hombres, mujeres y niños, judíos, como ellos-.

La Toma de Jerusalem

  El historiador Adolf Schulten, en una conversación con algunos mecenas catalanes, aseveró que si la toma de Jerusalem la hubieran llevado a cabo pretorianos, en vez de legionarios, esta no habría durado cuatro meses, sino poco más de cuatro días. Se refería a que los pretorianos estaban mucho más acostumbrados a tácticas de guerrilla urbana ante levantamientos populares que, de tanto en tanto, se daban en Roma. Los legionarios no. Su forma de actuar no tenía que ver con sofocar revueltas, sino con tomar posiciones, asegurarlas para su defensa en caso de tener que retroceder, y seguir adelante a por la siguiente posición.

  Cuando Tito, hijo de Vespasiano, al mando de cuatro legiones, sitia Jerusalem en abril del 70 d.C. no logra entrar en ella hasta mayo, y sólo consigue ocupar los barrios del norte de la ciudad. No saca a los residentes, permitiéndoles refugiarse en la ciudad alta, los edificios cercanos al Templo y en el propio Templo que, recordémoslo, fue reforzado y fortificado por Herodes I, el Grande. Los zelotas, más acostumbrados a la guerrilla urbana, con la practica que han conseguido durante los dos años anteriores asesinando a sus adversarios políticos y conocedores de todos los recovecos de la ciudad, mantienen en jaque a los legionarios llevándolos a cruentos combates en medio de las estrechas callejuelas y haciéndolos pelear calle por calle, casa por casa y edificio por edificio. A finales de julio los legionarios han logrado asegurar las posiciones que rodean el Templo a un muy alto coste y el 30 de julio lanzan el asalto final.
  El pórtico del Templo tenía un kilómetro de perímetro. Los sitiados no cuentan ya con la fortaleza Antonia, formada por cuatro torres, que es tomada y derruida al inicio del asedio. La lucha en el atrio de los Gentiles se desarrolla en un ambiente de completa confusión, la gente corre en todas direcciones mientras algunos intentan hacer frente a los legionarios sin ningún éxito. El Templo es defendido por los zelotas al mando de Eleazar, hijo de aquel Simón bar Giorá, que se hacen fuertes en el. Durante el asalto los legionarios incendian la madera del Templo y este arde hasta los cimientos. Todo el recinto, o lo que queda de el, es saqueado y sus defensores pasados a cuchillo.
  Este último episodio, el ajusticiamiento de todos los defensores que habían sobrevivido al asalto, no hay que verlo como algo cruel, o innecesario. Roma no percibe la Primera Guerra Judía como una sublevación contra el Imperio, si hubiera sido así los supervivientes habrían sido crucificados, y no fue el caso. Vespasiano percibe la Primera Guerra Judía como un conflicto interno entre facciones de judíos enfrentadas que afecta a los intereses del Imperio en la zona, y no le falta razón, aunque el desencadenante fue, indiscutiblemente, romano.
  Lo que se pretende es dar un escarmiento saqueando el mayor símbolo de los judíos, el Templo, y pasando a cuchillo a sus defensores. Para Roma eso es un aviso, un, digámoslo así, "Lleváos bien" a la romana que deja muy claro al pueblo judío su supeditación a las decisiones romanas tanto en el terreno político como religioso.
  Tito da por finalizada la campaña y vuelve a Roma de forma triunfal con el tesoro del Templo que es paseado ante los romanos para demostrar la efectividad de la campaña y que, tras ser fundido en su totalidad, sirve para financiar, entre otras cosas, gran parte de lo que será el Coliseum, donde se celebrarían luchas de gladiadores hasta el año 404.

Masada

  Aunque Jerusalem es tomada y la guerra se ha dado por finalizada, lo cierto es que aún quedan algunas fortalezas, todas construidas por Herodes I, el Grande, en manos de rebeldes: Herodion, Maqueronte y Masada. Las dos primeras son tomadas por el Gobernador Lucilio Baso, pero, al morir este, se le encarga a Flavio Silva, al mando de la X Legión y seis cohortes auxiliares, la toma de Masada.
  En Masada hay, siendo generosos, unas cuatrocientas personas, entre aquellos sicarios que se retiraron de Jerusalem dos años antes y los zelotas al mando de Eleazar ben Yair. Los sitiados tienen suministros y agua en abundancia, mientras que los sitiadores dependen de largas caravanas que tardan bastante en llegar hasta su campamento.
  Cualquiera que haya tenido la oportunidad de visitar Masada habrá podido observar el sistema de asedio romano; los restos de sus campamentos y de la empalizada que rodeaba el perímetro de la base de Masada que aún se conservan muy bien. Flavio Silva no tarda mucho en darse cuenta de que aquella fortaleza no podía tomarse al asalto, y menos escalando. Así que hice caso a Julio César, "Se ganan más guerras con la azada que con la espada". Comienza así una obra de ingeniería que los legionarios tardan en terminar siete meses, una rampa que les permitiría el acceso a la muralla exterior de la cima. Lo que Herodes I, el Grande, creía imposible, llevar maquinaria de guerra ante la muralla exterior de la Masada, estaba a punto de cambiar. A finales del año 73 d.C. los legionarios atacan de frente la muralla con maquinaria de guerra, abriendo un boquete en ella y acabando con la invulnerabilidad de la fortaleza.

  Cuando los legionarios, por fin, acceden al interior de la fortaleza sólo encuentran silencio, fuego y cadáveres. Flavio Josefo nos habla de dos ancianas y cinco niños que lograron esconderse escapando del suicidio colectivo y que le cuentan lo ocurrido… pero lo cierto es que Flavio Josefo no fue testigo de nada relativo a la Masada, prueba de ello es que llega a describir zócalos y columnas de mármol en el recinto, cuando sólo había columnas de tambor de roca del lugar, recubiertas de estuco estriado blanco, lo mismo que los zócalos.
  Habla del suicidio de 960 personas, pero se sabe que, como mucho, habría 400, entre hombres, mujeres y niños, y gran parte de ellas se habrían ido escabuyendo por entre los resquicios del sitio, es más, la fortaleza domina la llanura, es del todo impensable que los sitiados no vieran venir a los sitiadores y muchos no optaran por huir de la fortaleza antes de que esta quedara sitiada por completo. Los arqueólogos han encontrado 25 esqueletos de zelotas, con toda probabilidad ajusticiados por los legionarios. Aunque, sin duda, lo más llamativo del relato de la toma de la Masada es el supuesto discurso de Ben Yair incitando al suicido que Josefo pone en boca de la anciana superviviente, porque, a no ser que la anciana fuera un portento de memoria, es lo suficientemente largo como para que no lo recordara nadie, y menos al completo -Josefo se toma la libertad de adornar el episodio y las palabras que pudiera haber dicho Ben Yair, si es que dijo alguna-, pero es que si se lee el discurso con atención también nos damos perfecta cuenta de lo sospechosamente estoico que es y, por lo tanto, tiene muy pocas probabilidades de que un judío lo pronunciase, es más, es muy posible que el discurso le fuera dictado a Josefo por parte de un romano, ¿Tal vez Flavio Silva? Y si fue así, ¿Por qué?

  Hay historiadores que no dudan en convenir que, como judío, Flavio Josefo dio cierto aire de heroicidad al hecho bajo la perspectiva judía, teniendo en cuenta que no podría estar demasiado orgulloso de lo que aconteció durante la Primera Guerra Judía, máxime cuando él mismo había intervenido en ello, pretendiendo, de esta forma, reivindicar un poco a su pueblo y su entrega... sin embargo, ¿Por qué el aire estoico del discurso final de Ben Yair?
  Es evidente que ese aire estoico del texto ni es propio de Josefo, ni lo habría sido de ningún judío en esas circunstancias, es más, no vuelve a aparecer en ninguno de sus escritos posteriores. Si tenemos en cuenta que fueron los propios romanos los que convierten el capítulo de Masada en un símbolo de la resistencia judía, hasta el punto que Vespasiano se emociona de tal forma con el relato del episodio que levanta la prohibición que impide a los judíos residir en Roma, es más que evidente la influencia romana en el discurso. No es difícil convenir que si la X Legión junto a seis cohortes auxiliares, al entrar en la fortaleza, se encontraron con muy poca resistencia, o con ninguna porque los pocos que quedan en ella se rinden, mientras que algunos habían elegido el suicidio, no sería extraño que el propio Flavio Silva intentara dar cierto aire de romanticismo heroico a aquella victoria, no sólo exagerando lo que cualquier romano entendía como algo de gran honor, suicidarse ante la derrota, sino también aumentando el número de defensores que optaron por el suicidio para justificar, en cierta medida, los meses invertidos en la conquista del bastión ante enemigos de tal valía. Hemos de entender que sin esa aureola el episodio de la Masada habría pasado sin pena ni gloria para nadie. También es muy elocuente que Flavio Josefo no consigne ni una sola baja al ejército romano asaltante tras meses y meses de asedio y ante enemigos supuestamente tan aguerridos que llegan a optar por la muerte antes que la rendición.

  Antes de terminar, es necesario hacer un pequeño comentario con respecto a la obra del historiador Flavio Josefo.

Testimonium Flavianum

  Flavio Josefo se convierte por derecho propio en la referencia histórica de Judea, no sólo del periodo de la I Guerra Judía -La Guerra de los judíos-, sino también por su trabajo sobre el periodo histórico precedente -Antigüedades Judías-. Su obra fue escrita completamente en griego, lo que también explica lo que viene a continuación.

  Dejando a un lado el discurso de Ben Yair, que encontramos en La Guerra de los judíos, el texto más polémico atribuido a Flavio Josefo es el mal llamado Testimonium Flavianum...

  «Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio [si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo], y atrajo hacia Él a muchos judíos [y a muchos gentiles además. Era el Cristo]. Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron [ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas]. La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día.»
  Antigüedades judías, 18.3.3

  «Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.»
  Antigüedades judías, 20.9.1

  ... ¿Cuál es la polémica? Es polémico porque se pretende que supongamos que Flavio Josefo hizo una referencia a la existencia de Jesús en esos dos párrafos de Antigüedades Judías.

  No hay más que leer el primer párrafo para que nos dé vergüenza ajena que alguien asevere que ese engendro lo escribió Flavio Josefo, es más, si leemos los dos párrafos no hay que ser un historiador de gran altura para darse cuenta de que el primero es una adición más que evidente al texto original por parte de algún escriba cristiano bastante entusiasta. El segundo párrafo es una adición posterior un poquitín más elaborada, menos entusiasta, menos evidente, hasta que uno cae en la cuenta de qué Flavio Josefo parece dar por sentado que cualquiera que lea Antigüedades Judías sabrá a quién se refiere al hablar de Jesús -no lo aclara en ninguna otra parte del texto-, lo que sería una estupidez porque el texto original estaba escrito en griego y dirigido a romanos, claro que eso es difícil que lo supiera un escriba cristiano. Dejemos aparte qué delitos merecían la lapidación según la ley judaica, que no era el caso del supuesto hermano de Jesús, y que parece poco creíble que Flavio Josefo llame a su mentor, Ananías, saduceo sin alma. También es bueno dejar claro que estos pasajes de Josefo eran desconocidos por Orígenes y los primeros escritores patrísticos y, por lo tanto, sin duda alguna son una adición al original, como mínimo, posterior al año 254, por no hablar de que ni Tertuliano ni Justino utilizan el pasaje de Josefo acerca de Jesús lo que, sin duda, esclarece si estaban en el texto original, o no.

  Hay que aclarar que Antigüedades Judías nos llega bajo cuatro versiones diferentes: griega (Historia Eclesiástica, de Eusebio de Cesarea), latina (De Viris Illustribus, de San Jerónimo), árabe (Historia Universal, de Agapios, siglo X) y siria (Crónica Siriaca, de Miguel, el Sirio, siglo XII). La versión latina, árabe y siria se basan en la primera, la griega, de Eusebio de Cesarea, uno de los padres de la Biblia actual que tiene el dudoso honor de ser uno de los más grandes falsificadores de textos históricos que ha existido a fin de que se acoplaran al mito cristiano.

Importancia del hecho

  Como dije al principio Masada es importante por muchas razones, pero sobre todo porque es el colofón a cien años por los que vemos transitar a personajes que tienen su reflejo en el mito evangélico, empezando por Herodes y pasando por aquellos que intervienen en la I Guerra Judía cuya imagen alegórica vemos impresa en el Apocalipsis de San Juan.
  Masada es declarada parque nacional israelí en 1966, entrando a formar parte de la Reserva Natural de Desierto de Judea en 1983. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO en el año 2001. Desde la creación del Estado de Israel Masada posee una muy importante carga simbólica para el nacionalismo judío, lo que tiene cierta gracia si tenemos en cuenta que fueron los romanos los que elevaron Masada a símbolo.

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- Volumen I: Libros I–III. 1997
- Volumen II: Libros IV–VII. 1999
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R.F.MARTÍN, Los doce césares - Ediciones Aldebarán-.
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S. MONTERO, G.BRAVO y J.MARTÍNEZ-PINNA, El imperio romano - Ediciones Visor-.
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SUETONIO, Vida de los doce césares - Ediciones Cátedra-.
YIGALE YADÍN, Masada - Ediciones Destino-

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