La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

20141113

Blesa... diez años después


  El bar está en el piso decimonoveno, en un pasillo interior con aire acondicionado, a salvo del sol y la lluvia en un edificio del lado este de Pacific Hightway, San Diego, y, caprichos del destino, muy cerca de Pantoja Park. El sitio no está mal y las copas no son caras, aunque, cosa curiosa, el café vale el triple que un wisky y, por supuesto, la carne ni se nombra en la carta, aunque el tofu reina por doquier. La música de Brian Eno comienza a ser cargante, pero no me quejo, esto es la República Independiente de California, podría ser peor. A mi alrededor pululan tipos en chanclas, pantalón corto o vaquero raído y féminas con pareo y chaqueta, todos con maletín, todos luciendo moreno de gimnasio, estirados y recauchutados, la arruga podrá ser bonita, sí, pero en la República Independiente de California sólo en la ropa.


  La camarera me está prestando más atención de la que estoy acostumbrado, no creo que tenga más de diecisiete y ya luce labios con bótox y las rayas del ojo tatuadas. Para ella soy algo exótico, un tipo con la cabeza rapada, arete de plata en la oreja, barba canosa a lo Bin Laden, gafas y, lo más exótico de todo, arrugas. 'Where do you come from, dude?', me pregunta con una sonrisa perfecta echando los hombros hacia delante para que me asome a un canalillo aún sin relleno a los lados... creo. 'I'm spanishtani', le contesto dando un sorbo al café que sabe a coca cola caliente, 'So quaint!', dice acariciándome el antebrazo antes de escurrirse entre las mesas con el arte de una anguila... o una culebra... puede que luego averigüe de cuál, si me deja.

  Sólo dos días antes sacaba fotos a los patos en el Manzanares mientras huían de un grupo de yonquis hambrientos que acogotaban al guardia de seguridad navaja en mano cuando me sonó el móvil...
  —Es él, seguro —me dice el redactor jefe de una publicación de tirada nacional.
  —Ahora mismo estoy en medio de un gran reportaje de actualidad y no voy a invertir en un viaje del que sólo tengo tu palabra de que sacaré algo...
  —Gilipolleces, seguro que estás subido en una rama esperando para hacerle fotos a algún desgraciado y luego ponerle la grabadora en los morros... y la empresa lo paga todo —palabras mágicas para cualquier periodista freelance, "paga otro".

  Cinco horas después vuelo en business class camino de la séptima economía del mundo en un chárter vía Moscú, Tokyo y Midway, única forma de llegar a la República Independiente de California saltándose el bloqueo estadounidense, atravezar el Pacífico, aunque todo el mundo sabe que es un bloqueo de pacotilla, nada que ver con el de Cuba, aunque es lógico, California tampoco es Cuba, tiene la mayor industria del ocio del mundo, gran parte de la industria agraria, la alta tecnología y, sobre todo, el mejor vino de América del Norte.

  Aprovecho el vuelo para documentarme más sobre el tipo. Nace en 1947 y se licencia en derecho en la Universidad de Granada, pero su verdadera carrera comienza trabajando en el Cuerpo de Inspectores de Hacienda. Saca las oposiciones junto a su amiguito del alma, el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, aquel que inventó el "texanocastizo". En los siguientes años ocupa la Secretaría del Gabinete Técnico del Ministerio de Hacienda, después Jefe del Servicio de Tributos de Comunidades Autónomas y es nombrado Subdirector General de Estudios y Coordinación del Ministerio de Economía. Más tarde se pega diez años como especialista en derecho tributario, es decir, ayudando a que otros escamoteen dinero al fisco hasta que, gracias a su amistad con Pepe Mari, entra en el Consejo de Administración de Caja Madrid y en el de Antena 3 Televisión. No tarda en hacerse con el puesto de presidente del Consejo de Administración de Caja Madrid gracias a los apoyos de los consejeros del Partido Popular y, manda cojones, los de Izquierda Unida y el de Comisiones Obreras. No queda ahí la cosa, también fue presidente de Corporación Financiera, Altae Banco y ocupa cargos en los Consejos de Administración de, qué raro, TeleMadrid, Dragados y, cómo no, Endesa, presidente de la Fundación General de la Universidad Complutense y miembro del patronato del Museo Thyssen... tiene choteo, incluso se le premia como mejor Presidente de Entidad Financiera por la revista económica Banca 15.
  Todo se tuerce en 2013, aunque en 2009 lo echan de Caja Madrid después de 13 años de chupar del bote, es en ese año cuando comienzan a investigarlo por conceder créditos al grupo Marsans, la compra del City National Bank of Florida y la estafa de las preferentes, un año después se hace público el uso de tarjetas opacas por parte de consejeros y directivos de Caja Madrid. El muchacho tiró de tarjeta durante nueve años, 437 mil €uros de bellón limpios de polvo y paja que pagaron de su bolsillo los accionistas.
  Me voy dando cuenta de la dimensión y el carácter del personaje que, con ese currículum, es normal que pensara que estaba por encima del bien y del mal.

  Ya en el LAX estoy más de tres horas entre los múltiples controles y la comprobación de papeles y credenciales, en mi caso se retrasa aún más a causa de un equipaje en el que reinan las grabadoras y cámaras de fotos, otros usan implantes, yo jamás me metería una cámara en el fondo del ojo o un chip en el tímpano por gusto. Tampoco es que me moleste el registro, como bien dijo dos años antes el Presidente de la República cargando un caniche entre sus brazos tatuados cuando se aprobó la ley de seguridad ciudadana de California, "La seguridad de 62 millones de ciudadanos bien vale unas nimias molestias a nuestros visitantes", así que me dedico a leer sobre los contactos del personaje con el Partido Popular.

  Entre las filas de los populares lo llamaban cariñosamente "Michi", Pepe Mari se cogió un cabreo monumental con un columnista de derechas por poner verde a "Michi" espetándole "Te equivocas con él, es una persona honorabilísima"... hay que reconocer que Pepe Mari siempre tuvo buen ojo para rodearse de gente "honorabilísima", como Aguirre, que lo quitó de la presidencia del Consejo de Caja Madrid y puso a Rato. Sonrío al pensar en Espe y Pepe Mari, los dos intocables siempre rodeados de mangantes, estafadores y ladrones de amplia sonrisa sin siquiera despeinarse... qué puede haber más españistaní y vaya a la mierda el Padrino y Coppola con él, ¡Viva Berlanga! Pienso sin saber muy bien de qué coño me río mientras le doy otro sorbo a la coca cola caliente.

  Justo al lado del bar hay un salón de tatuajes, el Xiǎotōu Ink., del que veo salir a una chica negra de más de uno noventa montada sobre unos zapatos de tacón de aguja que la encumbran aún más, pechos neumáticos y una melena alisada color rosa que le llega casi a la rabadilla de una desnuda espalda llena de coloridos dibujos, extraños signos y una máscara hannya coronándolo todo. Lleva un pequeño esparadrapo cubriéndo el hombro izquierdo, se vuelve para agacharse y dar un beso en los labios a un anciano con el torso desnudo que parece tan fuera de lugar como yo entre tanto bótox, silicona, estiramientos de piel y moreno de gimnasio. La chica se aleja pasillo adelante con la elegancia de alguien que parece haber nacido subida sobre aquellos andamios, el viejecito la ve alejarse y guarda unos billetes en el bolsillo. Se llega a la barra del bar y pide una copa de wisky. Miro el reloj, las once y media de la mañana —Maldita sea —pienso —¿Acabo de ver la palabra "light" en la botella, o son tonterías mías? —y me acerco.

  —Perdone, ¿Puedo hablar con usted un momento? —me echa una mirada penetrante y repara en la cámara de fotos.
  —Periodista...
  —Eso dicen.
  —Han tardado en llegar, aunque claro, también me dijeron que nunca darían conmigo —me dice sin escatimar una sonrisa mientras se lleva el vaso a la boca.
  —Vaya, ¿Y quién le dijo eso?
  —Un capullo —apura el wisky y vuelve a mirarme —¿Una copa? Voy a pedir una botella, acabo de cobrar.
  —Es un poco temprano para mi... pero qué coño, por qué no.

  Pone dos vasos de plástico rígido de color malva y una botella de wisky sobre una mesa desde la que se ve la puerta del salón de tatuajes... y sí, estampado en letras grandes y negras sobre la etiqueta de la botella se puede leer "Light". Él observa mi cara de asco con una sonrisa socarrona mientras escancia el líquido con generosidad y me alcanza el vaso, yo lo cojo con cierta desconfianza, suelta un escueto "¡Ándele!" y se lo echa al coleto de un trago, no me queda otra que imitarlo. He de reconocerlo, sorprendente.

  —Los americanos tienen muchos defectos, algunos que rayan el más absoluto barbarismo, bajo mi punto de vista por culpa del mestizaje cultural, pero la calidad del wisky, aunque lleve lo de light en la etiqueta, no es uno de ellos —me dice con la sabiduría de alguien que lleva bebiendo aquel brevaje el tiempo suficiente.

  Hablamos de muchas cosas, pero en ningún momento me pregunta por Españistán, es más, cuando parece que la conversación va a bordear el tema se zafa con mucha sutileza, y no sólo una vez. No es hasta que la botella cae de la mitad, con sonrisas más ámplias y ojos más húmedos, cuando se suelta un poco y pregunta como quien no quiere la cosa "¿Qué tal va todo por el terruño?", "No va mal", y vuelve a sonreír mirando el fondo de aquel vaso de plástico color malva, después un silencio tenso entre sonrisas, él no quiere parecer ansioso por saber y yo no pienso entrar a matar hasta que no coloque las agujas en paralelo, y entonces...
  —¿Y Rajoy qué tal?
  —Casi todos han terminado en la cárcel. Aunque eso ya lo sabe, ¿Verdad? —vuelve a sonreír y mirar el culo del vaso —¿Ha seguido lo que ha ocurrido en el país durante estos diez años? —vuelve a sonreír.
  —Desde que Marhuenda dejó el periodismo y se metió a actor porno no sigo las noticias —dice con una sonrisa aún más amplia.
  —¡Eso sí que fue sorprendente! ¿Verdad? —echo un trago y le devuelvo la mirada —¿Le hago un resumen?
  —Nooooo, no hace falta, pero gracias —lo observo con detenimiento, parece alguien que tiene algo que decir cuando nadie le hace las preguntas correctas.
  —¿Ha hablado con Don José María? —me mira fijamente antes de contestar, por un segundo se ha puesto serio, pero sólo ha sido un segundo. Sabe que sé que son amigos íntimos.
  —Hablo con él todas las semanas... —se lo piensa mejor y apostilla —... aunque jamás sabe desde dónde lo llamo, claro.
  —¿Y con Don Rodrigo? —ahí aparece la mirada asesina, está claro que he metido el dedo en la llaga.
  —No —es escueto.
  —¿Quiere que le siga preguntando por amigos? —ahí está de nuevo esa mirada.
  —Ese no tiene amigos —no quiero empujar más por ahora y cambio el tercio.
  Le pregunto cómo llegó allí y parece relajarse. Mira al vacío y relata su periplo sin escatimar detalles.
  Al contrario de lo que el CNI y la policía siempre ha mantenido no salió del país en avión, simplemente cogió su coche, atravesó la frontera con Francia y tiró millas. Acabó en Albania, en un pequeño hotelito llamado New York en la bahía de Vlora, pero no aguantó mucho, demasiada tranquilidad, así que volvió a coger el coche, se paseó por Grecia y de allí a Turquía, tomó los baños, fumó grifa, paseó por el gran bazar y cruzó el puente del Bósforo mil veces, hasta que decidió quedarse en el lado asiático y seguir camino hacia Armenia, cruzó el Caspio y no paró hasta llegar a China.

  Mientras habla veo como sus ojos cambian, su expresión feroz deja paso a otra más soñadora y pienso "yo he visto esa mirada antes", es la misma que tiene mi sobrina mientras le leo cualquier cosa de Salgari o Verne. Me vienen a la memoria aquellas fotos vestido con pantalones fuccia, chaqueta turquesa y fular en ristre, quién me iba a decir que detrás de esas imágenes de un tipo que ya entonces cargaba 67 años se escondía un niño aventurero.

  Da otro sorbo al wisky y me cuenta que estuvo en Corea del Norte cuando la revolución democrática, dice que donde está comenzando la democracia siempre es tierra para "emprendedores"... claro que se refiere a estafar a los norcoreanos vendiéndoles móviles de segunda, tercera y cuarta mano venidos de Europa y Estados Unidos como si fueran nuevos, un negocio redondo. Más grifa, más tías, más coches de lujo y áticos en Wonsan, hasta que los chinos lo invitan, cuchillo en mano, a marcharse del país. Dos años antes California se declaró independiente y como no tenía acuerdos de extradición con nadie pues aquí se plantó. Guardó un poco de dinero y abrió el salón de tatuajes, al parecer siempre había dibujado bastante bien y le había cogido el gusto a los tattos en una cárcel vietnamita... "Mejor no preguntes", me dice cuando lo miro interrogante.

  —Para ser periodista eres bastante silencioso —me dice extrañado.
  —Soy más de escuchar... ¿Eso es bueno, o malo?
  —En principio amable, que dicho de alguien de tu profesión es todo un cumplido.
  —Bueno, usted tampoco está mal, pensé que sería más...
  —¿Más?
  —Más granuja —se carcajea con ganas.
  —Oh, no te engañes, SOY un granuja, pero en mi descargo diré que lo éramos todos, es sólo que yo salí corriendo a tiempo.
  —Don Rodrigo también lo intentó —vuelve a aparecer la mirada torva.
  —Ese no es un granuja.
  —Ah, ¿No?
  —No, ese es un putero —dice con desprecio.
  —¿Qué significa eso?
  —Significa que prostituiría a su madre por tres perras con una sonrisa mientras obliga a su hermana a tocarle una paja. Yo jamás le hice daño a nadie...
  —¿Y los preferentistas?
  —Eso fue cosa del cabrón de... —pero se lo piensa mejor y deja el resto de la frase en el aire, como su vaso, a medio camino de los labios. Casi oigo los engranajes de su cerebro desde donde estoy, tal vez sea hora de entrar a matar.
  —Si quiere decir algo yo diría que este es el momento, no va a venir más nadie a escuchar, el resto vendrá, si es que viene, a crucificarlo —vuelve al fondo del vaso. Por primera vez veo aflorar al anciano, sus arrugas, las manchas de la edad en su frente y en la piel de las manos, los hombros caídos, la mirada errática y por un instante dudo, ¿Debería sentirme mal? Sólo es un anciano... pero es sólo un instante, aquel "anciano" es responsable de inducir al suicidio a un buen puñado de gente, de hacer perder sus ahorros a miles de personas, debería estar en la cárcel, pudriéndose como todos los que rodearon a aquel gobierno de golfos y ladrones y, sin embargo, ahí está, frente a mi, bebiendo wisky, dándose besitos en los morros con beldades negras subidas en andamios y disfrutando de su libertad y su vida. Y no, no me siento mal, me siento muy bien, es más, cuando comienza a hablar, cuando me confía todo lo que recuerda de aquellos años de expolio, robo y destrucción del Estado de Bienestar obtengo algo parecido a un orgasmo. Siempre quise saber qué experimentó David Frost frente a Nixon.

  Estuvo casi cuatro horas y el resto de la botella largando. Tampoco es que me dijera nada que ya no supiera, tipos mediocres que de niños recibían la del pulpo en el patio del colegio y consiguen llegar al poder, expolian todo un país porque se dan cuenta que nadie los fiscaliza y la ley se lo permite... sobre todo porque ellos hacían la ley, nadie se atrevió a echarlos y a los pocos que levantaron la voz se les apaleó, multó y metió en la cárcel.

  —¿No les dio miedo? —le pregunto en un momento determinado de la narración.
  —¿Miedo? ¿A qué? —eso lo resume todo, no hacía falta preguntar si se arrepentía de algo, aunque igual se habría atrevido a mentirme en la cara, no me habría extrañado en lo más mínimo.

  Cuando el wisky se acaba simplemente nos despedimos con un apretón de manos y una sonrisa. Salgo del edificio con cierto mal sabor de boca. En realidad la entrevista no tiene relevancia informativa alguna para nadie, los mandarrias de aquella época terminaron con los huesos en la cárcel, pero es cierto que aquel viejito reconvertido en tatuador siempre ha despertado la curiosidad del país.

  Recorro a pie las calles que me separan del Pantoja Park y me siento en un banquito desde el que se ve el monumento a Benito Juarez. Un grupo hace gimnasia sobre unas esterillas cerca de mi mientras unos perros persiguen frisbies en el cesped. Saco el móvil y miro la foto...

  ... por mucho que me joda reconocerlo ahí está, con cara de gamberro, ladrón, caradura, escapado, escondido y jamás lo suficiéntemente denostado, el último marianista españistaní.

Border profesional | Poldavo militante | Juntaletras forever | Cuando soy bueno, soy buenísimo, cuando soy malo... cuando soy malo SOY SENSACIONAL ¬¬)-♫

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