La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

20150529

Cantes

  Aquel cuarto le daba grima, aunque había estado tantas veces que sabía disimularlo, y el tacto del sillón le asqueaba, era frío, crujía y las piernas le colgaban a más de una cuarta del suelo.
  —¿Sabes por qué estás aquí, Cantes? —Cantes, tampoco entendía por qué lo llamaba así, nadie lo hacía. Negó con la cabeza mientras se mordía el labio —¿Por qué has estado aquí antes?
  —Porque... porque escribo... pero... pero ya no... no lo hago —se apresuró a puntualizar.
  —No me mientas, Cantes —volvió a negar con la cabeza —. Verás, hoy Celador limpió tu zona, ¿Sabes qué encontró tras la cómoda? —negó de nuevo sin poder disimular cierta decepción, el hueco tras la cómoda era otro buen escondite que se esfumaba —¿Cuántas veces vamos a tener esta conversación? —Director se levantó —Esta vez he dado parte al Ministerio, cuarta infracción este trimestre, tu padre sufrirá las consecuencias... se le retirará un quinto líquido y un cuarto sólido —dio un respingo —. Veo que entiendes. La próxima vez el Ministerio no será tan indulgente. Vuelve a tu cuarto, hoy no comerás —el niño casi no esperó a que terminara la frase para salir de la habitación de estampida.
  Celador salió de detrás de la mampara.
  —Tiene ocho años e imita a su abuelo —dijo Director.
  —¿Imita? Está cometiendo alta traición, ¿La imitación no es delito capital? —Director lo miró indignado.
  —Tú no decides y si me cuestionas te encerraré en el sótano con los irrecuperables —Celador respiró hondo.
  —Cierto, Director, tú decides, no yo.
  —Haz tu trabajo, ¿De dónde saca papel y tinta? —Celador abandonó el despacho a toda prisa.
  Volvió a sentarse. Su mano flotó sobre los folios escritos, pero no los tocó. Cerró la puerta con pestillo, se arrodilló y sacó un pequeño paquete de tela de debajo de una tablilla suelta del suelo, lo puso en la mesa con respeto. Recordaba a su padre, "Toda la magia del Universo", le había dicho, "Aquí está toda la magia del Universo", pensó mientras lo desenvolvía dejando al descubierto un libro de piel con adornos dorados. Pasó los dedos por el lomo labrado en el que se veía un extraño edificio con alas y, encima, el nombre de quien lo escribió. Su padre, aunque jamás se atrevió a enseñarlo a leer y escribir, se lo había dicho cuando era niño...
  —"Cantes" —dijo con voz queda antes de apresurarse a esconderlo de nuevo.

  El niño subió al dormitorio general. Cientos de literas de tres pisos. El año siguiente pasaría a dormir en la segunda litera, pero por ahora estaba en la primera, como todos los pequeños.
  Se sentó en la cama y observó la cómoda, igual a todas las que había entre litera y litera, pero aquella era la suya. La habían movido y eso le hizo sentir como si le hubieran manoseado el alma, eso le entristecía.
  A la hora de descanso el Mayor se encargó de que los que ocupaban las dos literas de abajo se cambiaran, fueran al baño y se acostaran. Una hora después el niño colocó la almohada bajo la sábana y se escabulló hacia el fondo del dormitorio. Se movía pegado a los pies de las literas hasta encontrar el trozo de madera suelto en la columna de la esquina. Se arrastró por el espacio entre las paredes hasta una trampilla que lo llevó bajo los baños, se agachó bajo un enjambre de tuberías oxidadas y tornillos que rezumaban porquería hasta el portón de metal del fondo.
  Cuando entró respiró hondo cerrando los ojos. Para los demás el olor sería asqueroso, pero para él no había nada mejor en el mundo, olor a papel, mohoso, pero papel. Cajas de folios amontonadas hasta el techo.
  Subió por la torre de cajas, se acuclilló en lo alto y sacó con cuidado cuatro folios amarillentos. Se giró y sacó de una tubería rota un plumín atado a un plástico observándolo con aire crítico, todavía aguantaba. Cogió un vaso viejo con un líquido oscuro que conseguía machacando unas piedras negras que había en el suelo del cuarto de las tuberías y mezclaba con agua.
  Su abuelo cometió uno de los mayores crímenes contra la comunidad, le enseñó a leer y escribir. Si viera el libro de Director le explicaría que allí no decía "Cantes", decía "Cervantes".
  Mojó el plumín en el líquido, observó los folios durante un momento, se agachó y escribió "...entonces los tambores comenzaron a sonar".

  Este pequeño relato fue enviado al taller de escritura Literautas, mayo de 2015, para la escena "Con Tambores".

Border profesional | Poldavo militante | Juntaletras forever | Cuando soy bueno, soy buenísimo, cuando soy malo... cuando soy malo SOY SENSACIONAL ¬¬)-♫

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