La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

20160329

Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia - XXX

  Antes de comenzar esta reseña de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia, quisiera dar una vuelta por el pasado, porque sin conocer ese pasado es imposible entender este presente.

  Verán, hubo un tiempo en el que sólo existía Superman -sí, Superman sin tilde, mariconadas las justas-. En esa época, lejana, inconexa y penosa de la existencia de la humanidad, el hombre de acero se limitaba a pillar malos que querían robar bancos, o bolsos de abnegadas matronas que paseaban de la mano con bonitas niñas de mejillas arreboladas vestidas con trajitos blancos de volantes y luciendo rubios tirabuzones, como debe ser, y, por supuesto, a hacer propaganda del sistema de vida norteamericano, ese que era tan maravilloso y que todos conocemos por... porque nos lo contaban en películas en las que las diligencias disparaban contra los indios -entonces todavía no eran indígenas americanos, eran malditos pieles rojas, o asquerosos apaches-, y los detectives con sombrero de ala y traje cortado a medida repartían estopa a maleantes que, por cierto, conocían de chiquititos -todo muy de barrio-, y daban guantás a las meretrices, Gilda incluida, eso sí, entre chascarrillos con gracejo barriobajero, aliento a wisky en el desayuno y pitillo bien apalancao en el lateral del labio, que era lo macho de entonces.

  Bien mirado muy pocos repararon en aquel extraño personaje que aguantaba un coche muy años cuarenta por encima de su cabeza, calzaba leotardos azules y llevaba una capita que hondeaba al viento junto a un mechón rebelde de pelo engominado... ah, y que con ponerse unas gafas ya nadie reconocía, que eso también tenía su mérito, eh.

  Qué quieren que les diga, no eran tiempos para mucha épica, fuera de aquel Marion Robert Morrison, que movía las caderas a los lados de aquel culo escuchimizado al ritmo de sus colt, mientras su rifle ladraba desde lo alto de una dirigencia contra los "malditos" indios y él, macho, machote, se llevaba tostá a la muchacha. Fue el personaje precursor de aquellos que, en España e hispanoamérica, de un tiro mataba cinco y al quinto Marcial Lafuente Estefanía lo resucitaba en la penúltima página para matarlo de nuevo... puede que con la misma bala, ojo.

  Poco a poco a aquel Superman nacido en 1938, héroe de leotardo, calzoncillo ramplón y capita que sacaba pecho en una serie en blanco y negro en la tele de los años 50 -seis temporadas, a partir de la tercera en color y todo, y ciento cuatro episodios, ahí es nada-, se le fueron arrimando otros en la misma editorial, DC (Detective Comics), comenzando por Batman en 1939, que también consiguió serie en 1966 -háganme caso, nada que ver con el Batman Begins de Christopher Nolan, yo lo advierto, eh-, Flash en enero de 1940, Linterna Verde en julio y, por supuesto, Wonder Woman en diciembre de 1941. Hubo más, claro, y a casi nadie se le escapó con el tiempo que aquello tenía toda la pinta de aspirar a convertirse en un panteón, al pobre Flash incluso lo vistieron de Mercurio, vamos, una pinta de panoli que tiraba pa'trás. Al fin y al cabo, qué es Superman sino un dios bajado a la tierra, cómo no rodearlo de dioses menores.

  Entre 1940 y, pongamos por ejemplo, el año 2005, 65 años, el mundo cambió de forma casi irreal -no lo digo yo, lo dice mi madre, que lo ha vivido, eh-, y aquel personaje que levantaba un coche sobre su cabeza en leotardos y calzoncillos, que protagonizaba una serie en blanco y negro en los 50 patrocinada por Kellogg's, pasó a ser el protagonista de cosas como Lex Luthor de Brian Azzarello y Lee Bermejo, algo a lo que, estoy seguro, hoy Kellogg's no se acercaría ni de coña.

  Hay un antes y un después más que evidente para el panteon DC tras el 11S, aunque es mucho más claro en el cine, no porque en el cómic sea menos visible, al contrario, lo es más, pero las pelis las ve público más heterogéneo. Hay un Batman-Burton/Schumacher que muere en 1996 -maldita la pena-, para empezar porque ese Batman parece vivir al margen del cómic y Frank Miller, Klaus Jonson y Lynn Varley lo asesinan bien asesinado en el Regreso del Señor de la Noche, precisamente en 1996, y luego hay un Batman-Christopher Nolan.

  DC lleva tiempo en ese camino, pero tras el 11S es mucho más evidente. Mientras que otras empresas, pongamos que hablo de Marvel, siguen un camino que las lleva a Disney, DC deja de hacer comics para niños y jovencitos y se dedica al ARTE, sí, sí, al ARTE con mayúsculas, porque la épica ES arte, porque el CÓMIC con mayúsculas ES arte y porque lo mejor de lo mejor en el mundillo se da de bofetadas para poder jugar en su liga, una liga donde se publica Superman: Hijo Rojo, All Star Superman, Joker, o Pingüino, Dolor y Prejuicio, una liga en la que no sólo hay que saber dibujar, también hay que saber contar cosas que hagan pensar a quien las lee y, cómo no, que le pongan los pelos como escarpias... o vete a la competencia.

  Ojo, no quiero ser cruel, llevo el tiempo suficiente leyendo comics como para poder decir sin vergüenza de ningún tipo que Marvel ha hecho cosas muy, pero muy decentes, aunque nada a la altura de este DC de hoy día... bueno, con la boca chiquitita, tal vez, y digo sólo tal vez, Lobezno - Origen y Daredevil - Born Again, repito, con la boca chiquitita, reservas, dolor de muelas y mirando para otro lado.

  Una vez dicho todo lo anterior -si se le ha hecho largo tal vez deba dejarlo ahora-, es necesario que hagamos una pequeña parada en la trilogía de The Dark Knight Rises y en Man of Steel como puentes para llegar a la reseña de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia.

  Tenemos que tener claro que, aunque esas películas hacen incapié en el origen de los protagonistas, Bruce Wayne y Kar-El, y en lo que los impulsa y motiva que, por cierto, no puede ser más diferente, las dos películas son muy distintas, cosa que, por otra parte, es lógico si tenemos en cuenta que un personaje es un justiciero rico que, en la segunda película de la trilogía, no duda en utilizar uno de los métodos más fascistas de vigilancia -método que, por cierto, hoy día usan todos los gobiernos del orbe con la misma excusa que Batman, la seguridad-, y el otro es un semidios que, gracias a ser criado por humanos en una granja, hogar de los principios más hermosos, simples y puros de la sociedad estadounidense -hurra-, se convierte no sólo en protector de la raza humana, sino también en ejemplo para aquellos que buscan superar sus limitaciones y trascender su propia humanidad... amén.

  Hay una diferencia abismal entre un ser cuasi omnipotente con unas motivaciones divinas muy claras y un neonazi convencido de que la venganza alimenta el alma y la justicia es un fin que merece todos los medios a su alcance... la cuestión no es que ambos existan en el mismo planeta, la cuestión es en qué momento ambas fuerzas paralelas que se miran de reojo entre Metrópolis y Gotham chocarán, y aquí Snyder lo borda de forma sublime, porque ni siquiera el por qué chocan esas dos fuerzas es baladí en Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia.

  Me consta, sé, tengo claro que muy pocos neoyorquinos, en particular, y estadounidenses, en general, han visto las primeras imágenes de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia sin atragantarse por razones obvias. Se sabe por qué estamos viendo cómo virtualmente se destruye Metrópolis y aunque sabemos por qué los edificios se derrumban sobre las personas y las nubes de polvo cubren a todo el mundo no vemos a Superman luchando con el general Zod, no es necesario, no hace falta, es más, no es importante en el contexto en el que estamos viendo esa destrucción, lo importante es lo otro, lo que ocurre a pie de calle. Ahí Snyder nos muestra a un Bruce Wayne que habíamos olvidado tras verlo frente al asesino de sus padres en un callejón oscuro, un Bruce Wayne que, a pesar de tener como alter ego al caballero oscuro, no es más que un ser humano más que, de nuevo, asiste impotente, como sus congéneres, a lo que ocurre a su alrededor.

  Una vez dicho lo anterior, que poco ya es mucho, voy a abstenerme de hacer más spoiler, aunque ganas no me faltan. Eso sí, permítanme hacer una apreciación un poquitín filosófica sobre el argumento antes de acabar.

  No sé si habran dado cuenta de que, frente a lo que dijo Charles Roven al comentar que hay una razón para que en el título de la película sea Batman v Superman -según él porque en realidad no es tan Batman contra Superman-, yo he usado vs. en todo el artículo y lo he hecho con toda mi mala leche. Más que Batman v Superman en esta película asistimos a la visión de la justicia de Batman vs. la visión de la justicia de Superman. No voy a llamar nazi de nuevo a Batman, no hace falta, y tampoco llamaré mojigato de nuevo a Superman, es irrelevante, la cuestión es que cuando esas dos visiones, sesgadas y por momentos penosas de la justicia, se ven obligadas a trabajar juntas muestran algo de cordura, tal vez a una le falte la altura de miras de la otra y a la otra lo terrenal de la primera y es en el término medio donde se encuentran y chocan para complementarse... tal vez.

  Para terminar quisiera hacer un comentario sobre las críticas que vengo leyendo desde el día del estreno de la película.

  Primero, es cierto, Batman vs. Superman: El amanecer de la Justicia NO es la trilogía anterior de Batman y TAMPOCO es El Hombre de Acero, es más, aunque sea cierto que no llega a la introspección argumental de estas, que no llega, maldita la falta que le hace. Batman vs. Superman: El amanecer de la Justicia, tanto visual como argumentalmente, es pura épica, de la buena, de esa que te pone los pelos del cogote tiesos, y diré más, los diez primeros minutos de esta película, o la escena de un Batman en medio del desierto peleando contra fanáticos, o esa Wonder Woman... no me hagan hablar... vapulean a cualquier película de Marvel de principio a fin, ojo, y cuando digo cualquiera es cualquiera.

  Segundo, es verdad, esta película NO está dirigida al público tierno, ese de boca blanda que va al cine para reírse de los chascarrillos de Peter Quill en Guardianes de la Galaxia, NO, esta película está dirigida a ese público bragado y con cicatrices que babea con Watchmen porque sabe de qué habla el Comediante cuando dice reprimiendo a los manifestantes que ya han conseguido el sueño americano, capaz de disfrutar de un Lex Luthor muy pasado de rosca que ya hubiera querido Kevin Spacey y de un Anatoli Knyazev que hace llorar a las cebollas -sino sabes quién es Anatoli Knyazev es precisamente a eso a lo que me estoy refiriendo con lo de la boca blanda-. Esta película es para sibaritas, gente dispuesta a disfrutar del exceso de sal del caviar sobre pan tostado con nata agria y un buen lingotazo de vodka detrás mientras disfruta del olor del queroseno por las mañanas, aunque, si lo tuyo es el McDonald, no lo dudes, vete a la próxima de Patrulla X -ojo, tampoco tiene nada de malo, yo iré, pero no le voy a pedir langosta a la orilla del Mekong mientras los colegas hacen surf en medio de explosiones de mortero, eh-.

  Tercero, entiendo que haya críticos de cine que no vean con buenos ojos que se haga una película seria de superhéroes, es normal, están acostumbrados a Ant-Man y a que Hulk le dé estopa a Thor en medio de una lucha titánica contra invasores de otro universo, pero si el tema que se trata es la visión de la justicia, esa que nos lleva a tener en nuestra legislación internacional el derecho de asilo, pero que nos pasamos por los bajos para enviar a aquellos que son refugiados por derecho de vuelta a sus guerras porque, oye, es que molestan en medio del barro de Macedonia; si lo que les molesta es que alguien haga una película de superhéroes donde el espectador pague la butaca por pensar, bueno, tal vez sea que para la crítica tenemos que ver el tema en medio de un chascarrillo de Loki mientras alguna asgardiana bien entrada en carnes lucha a implante mamario partido con un kree y a la mierda con qué coño es un kree... y eso debe ocurrir porque somos imbéciles, o porque Disney no hace así las cosas, ¿Verdad? Hay que ser muy estúpido para criticar que se trate un tema serio de forma seria porque resulta que el contexto en el que se trata es una película de superhéroes, que se lo digan a Peisandros de Rodas -usa el Google, querido crítico-.

  Voy a dejar a un lado que la película rompiera el record de recaudación en preestreno de Fast and Furious 7 -15.8 millones-, con nada menos que 27.7 millones de dólares, y que consiguiera en su primer fin de semana más de 400 millones de dólares de recaudación, y lo voy a dejar porque a ver si va a resultar que el público no es tan imbécil como la crítica pretende.

  No tengo más nada que decir al respecto. Si duda en ir a verla haga memoria, si disfrutó con la trilogía de Batman y con El Hombre de Acero esta le gustará. Eso sí, no lleve a los niños, no la van a entender, para eso siempre puede llevarlos a ver Deadpool -ja, no se le vaya a ocurrir, que es broma... o no, eh-.

Larga vida y prosperidad.

Border profesional | Poldavo militante | Juntaletras forever | Cuando soy bueno, soy buenísimo, cuando soy malo... cuando soy malo SOY SENSACIONAL ¬¬)-♫

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