La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

20170104

El Nacimiento de una Nación

  Allá, en el lejano 1983 -aún existía BUP-, elegí cine como optativa. El profesor, de cuyo nombre no logro acordarme, era un tipo extraño con pinta de loco que intervino en el diseño de la cajetilla del tabaco Condal y trabajó en la NASA -es verídico, eh-. A lo largo del curso vimos mucho cine, sin concesiones, cine del bueno. Recuerdo a padres discutiendo con él porque vimos Olympia, de Leni Riefenstahl -para quien no lo sepa un documental sobre las Olimpiadas de Berlín de 1936-, se repitió cuando vimos El Acorazado Potemkin, de Eisenstein (1925) -jamás olvidaré la escena de la escalera y el cochecito de bebé-, y, cómo no, con El Nacimiento de una Nación, de D. W. Griffith (1915) -la escena del asesinato de Lincoln es, para mi, una obra de arte dentro de una obra de arte-. Imagino lo complicado que le resultaría a aquel pobre hombre explicar a los padres que el arte no está sujeto a normas, y menos ideológicas.

  Después de ver El Nacimiento de una Nación, el profesor, que jamás hizo el más mínimo comentario sobre el trasfondo de lo que veíamos, a no ser para remarcar y señalar la técnica cinematográfica que se mostraba, sí se permitió decir que era una pena que ningún director se atreviera a retomar el tema de la cinta y hacer algo de tanta calidad... "más real". Estoy de acuerdo.

  Ayer tuve la suerte, y el privilegio, de ver El Nacimiento de una Nación, de Nate Parker...

  ... Reconozco que la vi con suspicacia, porque, si bien es cierto que El Nacimiento de una Nación precisaba de remozado para hacer justicia a la historia, no es menos cierto que la industria del cine tiene la penosa costumbre de convertir ciertas cosas que deberían ser como un buen trago de Pappy Van Winkles de quince años en agua de borrajas. No tengo que irme muy lejos en el tiempo para poner un ejemplo, quien haya visto The Free State of Jones convendrá conmigo en que el buen oficio de los actores suple con creces la falta de entrega de un guión que se queda a medias, y de una dirección que no pasa de lo circunstancial, cuando lo cierto es que se tenía todos los números para hacer algo de verdad memorable.

  Por suerte nada de esto ocurre con El Nacimiento de una Nación.

  Hay quien ha intentado compararla con Doce Años de Esclavitud -pongamos que hablo de Luis Martínez, de El Mundo-, pero eso es bastante simplista, y no lo digo sólo por defecto, también por exceso -pongamos que hablo de Kyle Smith, del New York Post-. Es simplista porque una película de esclavos no tiene por qué tratar sobre lo mismo que otra película de esclavos, y me niego a poner títulos. Doce Años de Esclavitud no tiene absolutamente nada que ver con El Nacimiento de una Nación, más allá de un cierto contexto, y decir lo contrario sería como aseverar que Telma y Louise tiene que algo que ver con Vivir Sin Aliento, más allá de que en las dos hay carretera y coches.

  Antes de proseguir es necesario hacer un inciso con Nate Parker, protagonista, guionista, director y productor de la cinta.

  Gina Prince-Bythewood dijo que ya apuntaba formas en The Secret Life of Bees al relatar el interés que muestra en facetas que sobrepasan la interpretación. Como actor me quedo con el Nate Parker de The Great Debaters, a la sombra de un Denzel Hayes Washington, Jr. siempre sobresaliente y con registros que van más allá de lo humanamente esperable; con el de About Alex, donde se mide en un cuerpo a cuerpo interpretativo muy, muy interesante con actores de su propia generación en una pseudo comedia shakespereana que permite lucirse y demostrar capacidad; y, por supuesto, con el de Beyond The Lights.

  Con sinceridad, creo que Beyond The Lights es la que convierte a Nate Parker en quien hoy día es Nate Parker, la película que lo convence de lo que es capaz de hacer y, más importante aún, le da una visión de lo que es capaz de llegar a hacer, todo ello frente a una Minnie Driver que, como extraño contrapeso a un Danny Glover en un papel meramente floral, por momentos llega a eclipsar a todo el elenco de la cinta.

  Aunque no piensen que ese es el Nate Parker que se van a encontrar en The Birth of a Nation. Ese Nate Parker es más complejo, más lleno de matices. Si quieren saber qué Nate Parker es el de esa película búsquenlo en la escena en que habla con su mujer sobre un viejo vestido. Ese Nate Parker, ese que escucha, ese que siente y lo trasmite a través de su cara es el actor que nos vamos a encontrar, pero en esa misma cinta hay otro Nate Parker, el que dirige desde detrás de la cámara a un grupo de esclavos que tienen que escuchar como otro esclavo les dice que según San Pedro someterse al amo es voluntad de diox. Eso, ese conjunto, el actor, el director, el guionista y el productor, ese es el Nate Parker que se van a encontrar en The Birth of a Nation.

  Por supuesto también se encontrarán la historia del levantamiento de esclavos, liderados por Nat Turner, el 21 de agosto de 1831 en el condado de Southampton, Virginia. La de verdad, no los cuentos chinos de la cinta de 1915 en la que los soldados sudistas eran desconocidos héroes, esa en la que los asesinos racistas del KKK pasaban como defensores de una nación que no existiría sin esos a los que esclavizaban, violaban y asesinaban, no, la de verdad, la de mujeres y hombres que se hicieron una simple pregunta, pregunta que, bajo mi punto de vista, sigue igual de vigente hoy, como entonces, ¿Qué tenemos que perder? Y si al verla no llega a hacerse la pregunta de qué habría hecho si hubiera sido Nat Turner, bueno, tal vez le haga falta poner más garbanzos y menos lechuga en su dieta.

  En cuanto a la calidad de la película hay poco que no se haya dicho ya, Premio a la Mejor Película y Premio del Público en el festival de Sundance, en España se pudo ver en Gijón, en la sección oficial de largometrajes a concurso, pero, aunque se estrenó mundialmente el 7 de octubre de 2016, como es costumbre en este país, no se estrenará en cines hasta Febrero de 2017... con suerte ¬¬)-~

  Suena mucho como próximo Oscar a la mejor película, pero, seré sincero, si el Oscar a la mejor película de 2017 no le cae a Silence, de Scorsese, es que algo va mal en el universo y el infierno se nos va a tragar a todos. Eso sí, mi opinión es que Nate Parker merece el Oscar a la mejor dirección, aunque sé que habrá quien diga que ya es hora de que lo gane Terrence Malick, pero es que Weightless, tal y como ocurre con sus dos últimas películas, To the Wonder y Knight of Cups, no pasa de ese quiero y no puedo que le viene ocurriendo desde El árbol de la vida.

  No quiero terminar este artículo sobre The Birth of a Nation sin destacar la actuación de Jack Earle Haley y Armie Hammer en esta película, no sólo por la gran interpretación de ambos, también porque es una película donde hacer el papel de blanco, sobre todo el de la época, no es sencillo y ellos, metidos en ese claroscuro tan extraño en el que se mueven los papeles históricos, sobre todo en este caso, sobrepasan la talla de profesionales de gran altura y calidad.

  Disfrútenla, porque es un espectáculo sobrecogedor... yo reconozco que no podré volver a verla hasta dentro de un tiempo porque todavía, cuando recuerdo muchas escenas, se me encoge el corazón.

Border profesional | Poldavo militante | Juntaletras forever | Cuando soy bueno, soy buenísimo, cuando soy malo... cuando soy malo SOY SENSACIONAL ¬¬)-♫

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