La realidad SIEMPRE supera la ficción

SBMontero

Gritar está sobrevalorado La sangre no sólo gotea hacia abajo No olvides mirar hacia arriba Si no hay luz no bajes al sótano Si hay luz abajo no subas a la buardilla oscura El silenciador no esconde el disparo Nada es lo que parece Todo es exactamente lo que es La risa de los niños lo cura todo

20170321

El Mentiroso

  Ni siquiera le suena la cara de aquel tipo. Ha parado el vídeo unas cuantas veces pensando que sí, que lo recuerda, de algo, pero no, no es verdad, sólo le da vergüenza no recordarlo.
  Lo pone de nuevo en marcha.
  —... y se pasaba el día contando burradas —dice la imagen del vídeo —, sobre todo cerca de los sapos. Al principio creíamos que no nos entendían, pero tenían esos... como botones detrás de la cabeza...
  —El intérprete —dice alguien al otro lado de la cámara.
  —... sí, Dvořák fue el primero en darse cuenta. Ellos no sabían si era verdad lo que contaba, así que los veíamos mirarse entre sí. Una vez soltó que, antes de llegar al campo de concentración, estuvo trabajando en un laboratorio del ejército —dice atragantándose con la risa —, el rayo de la muerte lo llamó, que sacaba los ojos de la cara a los sapos, ¡Qué cabrón! —se ríe un rato, pero poco a poco se calma y mira hacia la ventana aún con los ojos llorosos —. Le costó una semana de interrogatorio. Había que verlo cada vez que lo sacaban de allí, era digno de verse...
  «El rayo de la muerte, esa sí que fue buena», piensa sonriéndole a la pantalla, luego los ojos derivan hacia las tremendas marcas de sus manos y recuerda la semana de interrogatorios mientras la sonrisa se le queda hueca, flotando en la cara, como algo fuera de lugar.
  —... llegué al campo desde el continente y solo entrar en los barracones te dabas cuenta de que allí era distinto. El continente olía a resignación, rendición, pero allí no, allí estaban en guerra, y era contagioso, la gente sonreía —dice el veterano desde la pantalla con la mirada anhelante —, se cruzaban contigo en los pasillos y, delante de los sapos, ¡Te saludaban y sonreían! Los sapos se removían nerviosos, tensos, no eran arrogantes como en el continente. La gente sonreía, nos mataban como en todas partes, diría que más, era el precio a pagar, pero la gente moría con una sonrisa en la cara.
  —Había una consigna —dicen de nuevo al otro lado de la cámara.
  —Ad astra per aspera: A las estrellas por el camino difícil —responde.
  —¿Por qué latín?
  —Los sapos no lo entendían. También fue cosa suya. Encontró un diccionario de latín y sapo de mierda se convirtió en bufo foeda, el muy cabrón se lo soltaba en la cara a los sapos y no decían nada. Algo con que los cacharros esos no estaban programados para lenguas muertas —vuelve a sonreír —. Él se daba cuenta de cosas que los demás pasábamos por alto, como lo del antifaz...
  —¿El antifaz?
  —... Sí. De buenas a primeras comenzó a pasearse por ahí con antifaz y boina, no sé de donde los sacaría, pero los sapos ni lo miraban, ni siquiera sabían que era él.
  —¿Cómo que...?
  —Se dio cuenta de que los sapos no nos distinguían. Yo creo que ese fue el empujón que le hacía falta. Se las ingenió para salir del campo, trasmitir la información que tenía al continente y volver —de repente los ojos se le llenan de lágrimas —, porque volvió, ¿Sabe?, volvió. Nunca nadie volvió por nosotros, pero él sí...
  Para la imagen y observa aquella cara feroz llena de cicatrices de la pantalla. «Maldita sea, ¿Por qué no me acuerdo de él?», piensa con el ceño fruncido.
  —Señor, es la hora, Señor —dice un soldado de asalto desde la puerta del despacho.
  —¡Maldita sea, hijo! —dice volviéndose sobresaltado —. Hazme un favor.
  —Lo que quiera, Señor.
  —Haz ruido cuando entres.
  —Ehm... puedo... puedo carraspear, Señor.
  —Carraspear... tendrá que servir —el soldado observa la pantalla sorprendido.
  —Fue un programa impresionante, lo disfruté mucho. ¿Lo vio, Señor?
  —Estoy en ello, pero exageran, yo... verás, hijo, yo... sólo soy un...
  —Vencimos a los extraterrestres gracias a usted, Señor —la cara de niño del soldado contrasta con su metro noventa de envergadura y el ancho de sus hombros.
  —Sólo hice lo que sabía hacer —responde molesto saliendo del despacho.
  —La señora Bernot le esperará dentro, Señor —dice camino del ascensor entregándole la entrada del cine.
  —Hijo, ¿Sabes qué vamos a ver? —el gesto no es muy prometedor —Mierda —suelta entre dientes.
  —Presidente Dvořák, ¿Podría hacerle una pregunta? —le dice mientras esperan el ascensor.
  —Claro, hijo.
  —¿Cuándo quiso dedicarse a la política, Señor?
  —Bueno, era eso, o la cárcel —el soldado lo mira con cara de asombro —. Yo me entiendo, hijo —responde sonriente mientras se cierran las puertas del ascensor.


Copyright ©SBMontero

Larga vida y prosperidad Ôo)-♫

Border profesional | Poldavo militante | Juntaletras forever | Cuando soy bueno, soy buenísimo, cuando soy malo... cuando soy malo SOY SENSACIONAL ¬¬)-♫

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Di lo que quieras y yo borraré lo que me de la gana.

(No se admiten injurias, calumnias, spam, trolleo, mayúsculas masivas, claras desviaciones del tema propuesto -off topics-, o enlaces de descarga)

Si no estás de acuerdo, por favor, envía tu reclamación o sugerencia a mevasacomerelpepino@taluegolucas.com y te contestaré lo antes posible... o no.

Gracias

¬¬)-~

SBMontero
no me llames
Poldavia, Europe

ENVIAR UN MENSAJE